Fuente: Tal Cual

La competencia entre las dos principales economías del mundo ha iniciado un nuevo capítulo a partir de la decisión del gobierno de Joe Biden de impulsar un plan económico para hacer crecer su economía y ganar la carrera a su rival, China, capítulo que tiene a América Latina en el centro de la disputa en vista que el gigante norteamericano aspira recuperar terreno perdido ante su rival asiático.

La administración de Donald Trump impulsó una guerra comercial con China, lo que llevó a ambos países a imponer una serie de aranceles a sus bienes y servicios y disputar encarnizadamente los mercados. Biden, a su vez, ha decidido mirar hacia las posibilidades de su propio país para buscar el crecimiento económico, y parte de esta iniciativa también contempla volver a hacer de América Latina su más cercano aliado comercial.

El pasado 28 de octubre, y durante un discurso pronunciado en la Casa Blanca, Biden anunció un ambicioso «marco económico histórico», para competir con China.

«Tenemos un marco económico histórico que creará millones de puestos de trabajo, hará crecer la economía, invertir en nuestra nación y nuestra gente, convertir la crisis climática en una oportunidad y que nos pondrá en el camino para ganar la competencia económica por el siglo XXI contra China y todos los demás países importantes del mundo», expresó el mandatario norteamericano.

Esto lo hizo luego de haber enviado en el mes de octubre delegaciones económicas y políticas a países de América Latina. A principios de ese mes, el asesor adjunto de Seguridad Nacional para la Economía Internacional, Daleep Singh, encabezó un grupo interinstitucional que visitó Colombia, Ecuador y Panamá con el objetivo de explorar proyectos de inversión en obras públicas en los que Estados Unidos pueda contrarrestar la influencia China en la región.

Según afirmó en esa oportunidad la portavoz del Consejo de Seguridad Nacional, Emily Horne, la visita demostró el compromiso del presidente Biden de fortalecer los lazos de EE. UU. con América Latina y reducir las enormes brechas en infraestructura física, digital y humana ampliadas por la pandemia de covid-19.

Poco después, específicamente el 20 de octubre, el secretario de Estado de EE. UU., Antony Blinken, cumplió una gira por América Latina, que le llevó a reunirse con el presidente de Ecuador, Guillermo Lasso y, seguidamente, con el mandatario de Colombia, Iván Duque.

Estas visitas permiten deducir que EE. UU. está mirando con renovado interés a América Latina y lo hace dándose cuenta de que su competencia con China se ve amenazada por la fuerte presencia que el gigante asiático está teniendo desde hace unos 10 años en la región. Con lo que la estrategia no se circunscribe solo a lo comercial sino que es parte de una estrategia geopolítica.

Entre los temas abordados por Blinken con los Jefes de Estado de Ecuador y Colombia figuran el «persistente problema de Venezuela», que se refiere a la posición de EE. UU. de considerar ilegítimo el gobierno de Nicolás Maduro; así como la ola migratoria hacia el norte, que ha llevado a cientos de habitantes de países suramericanos a llegar hasta la frontera de EE. UU. con México y también, y muy especialmente, la rivalidad con China.

El discurso de Biden del 28 de octubre confirmó que el nuevo acercamiento de EE. UU. con América Latina —región que, salvo por la férrea política de Trump contra los regímenes de Cuba, Nicaragua y Venezuela, pareció fuera del radar de la administración estadounidense— está enmarcado en un plan de grandes dimensiones que el nuevo inquilino de la Casa Blanca espera sea aprobado por el Congreso de su país y que permita a la potencia norteamericana evitar el quedar rezagada ante el crecimiento de China.

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Analistas internacionales consultados por TalCual, coinciden en señalar que existe un renovado interés por parte de EE. UU. en América Latina y que el mismo está enmarcado en el deseo de la potencia norteamericana de crecer económicamente y frenar a su vez el crecimiento chino. Comentaron los elementos de esta nueva estrategia norteamericana y las posibilidades de recuperar el tiempo perdido.

Rescate de doctrina Monroe

Para Carmen Beatriz Fernández es muy evidente que, ante ese agresivo interés que ha mostrado China en la subregión, se ha despertado el interés de EE. UU.

«Está claro que a EE. UU., geopolíticamente hablando, no le interesa que China adquiera tanto poder y está consciente de que tiene obvias ventajas competitivas por un tema de proximidad geográfica en América Latina. Así que la lógica de los movimientos de Blinken es retomar la doctrina Monroe: América para los americanos», explicó Fernández.

En su opinión, no hay dudas de que, «en términos del poder blando de la diplomacia» a EE. UU. les interesa mucho retomar su ascendencia sobre la región y evitar que China siga expandiéndose dentro de un territorio que fue afín al país norteamericano a lo largo del siglo XX.

«China viene demostrando gran interés en la subregión desde hace más de una década y con grandes inversiones a través del Banco de Desarrollo de China. Ante esto, EE. UU., que por un tema geopolítico tendría que tener un mayor interés, ha venido actuando muy tímidamente y no pareciera haber habido cambios desde que se estrenó la administración Biden» indicó.

Sostuvo que, al iniciarse el mandato del demócrata se esperaba que hubiese una postura más clara sobre lo que iba a ser la política exterior de EE. UU., pero que no la ha habido porque el mundo cambió las prioridades geopolíticas en gran medida producto de la pandemia por la covid-19.

El presidente Iván Duque recibió a Antony Blinken en el Palacio de Nariño

«Por eso es tan relevante la gira que hizo Blinken por Colombia y Ecuador. Lo que hemos visto de la política de Estado de EE. UU. hacia Latinoamérica no ha sido distinta de la de Trump; los discursos de Blinken han sido muy a favor de la democratización de la región y eso implica mano dura hacia Cuba, Venezuela y Nicaragua, particularmente Nicaragua más notorio en estos días por la elección tan trucada de (el presidente de ese país, Daniel) Ortega.

Por ello, Fernández aseguró que todo parece indicar que las giras de funcionarios de Biden tienen el sentido de ir reforzando un cambio de postura que ya se avizoraba al final del mandato de Trump con la designación de un estadounidense (primero en serlo) como director del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Mauricio Clavier-Carone,  y la subsiguiente inyección de capitales que tiene proyectada la potencia norteamericana.

«El BID se convertiría en un brazo de actuación o de incidencia por parte de los EE. UU. en la subregión y con más legitimidad que el Banco de Desarrollo de China, porque es una entidad multinacional. A eso hay que prestarle mucha atención», señaló Fernández.

Estrategia geopolítica

El director de la Escuela de Estudios Internacionales de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Luis Daniel Álvarez, destacó que la presencia de China en América Latina, más que económica (aunque lo es en gran medida), es de estrategia geopolítica para tratar de imponer su agenda.

«China juega a estar más allá del bien y del mal. No es que es aliada de Nicolás Maduro, es aliada del bolsillo; está con el que mejores condiciones le ofrezca para sus intereses e inversiones. Entonces, China ve que hay un espacio vacío donde no hay estrategias, como en el cuerno africano: Eritrea, Etiopía Somalia; o el otro frente africano: Sierra Leona, Liberia, donde no hay mayor interés internacional. Donde la Unión Europea (UE) es débil o EE. UU. no tiene visión, llega China y comienza un modelo para tratar de ganar adeptos, seguidores, pero la idea de sus inversiones es buscar apoyo político, para que no se sancione a China por determinadas prácticas, por eso ofrece intercambios tecnológicos y de salud», detalló el docente.

Agregó que China aprovechó que en EE. UU. hubo una crisis, las contradicciones de la UE y que Rusia tiene un caos interno, para seguir adelante con músculo económico, pero no solamente en lo financiero.

«Los chinos controlan la economía y van ahora hacia ese control que es el de la confianza, ‘¿hay que pedir ayuda?’ ‘vamos donde los chinos’ ‘¿hay que contar con alguien?’ ‘allí están los chinos’. Ellos se blindan para que no los critiquen, porque pueden tener una gran economía, pero socialmente es un país condenable, no hay periodismo libre, partidos ni libertad religiosa, es para que no se les toque su modelo y sigan avanzando», sostuvo el internacionalista.

El experto sacó a relucir otro aspecto de la estrategia de China y es el interés por parte del coloso asiático de debilitar a Taiwán, su rival en el Oriente, que es aliado de EE. UU. y había conseguido penetrar en el mercado latinoamericano.

«Taiwán tuvo una gran política de expansión de intereses en América Latina, uno va todavía a algunos países de Centroamérica y ve en algunos puentes la bandera del país junto a la bandera taiwanesa y un letrero que dice ‘este puente fue realizado gracias a cooperación con Taiwan’, pero esa presencia disminuyó en la última década debido a la influencia de China», indicó.

Explicó que hace más de una década, China se empezó a interesar por la región, y lo comenzó a hacer siendo muy precisos en lo político, (diciendo) «si quieres vínculos con China tienes que dejar a Taiwán», por lo que muchos países de la región en los que Taiwán tenía oficinas de asuntos comerciales cesaron sus vínculos con ese país.

«Ese elemento forma parte del interés chino por llegar y crecer en América Latina con intercambios, inversión y proyectos de financiamiento», enfatizó Álvarez.

Efecto de la pandemia

Para Carmen Beatriz Fernández, el nuevo enfoque de EE. UU. en América Latina también tiene que ver con los efectos ocasionados por la pandemia de covid-19, que está dejando un continente muy desvalido.

«La pandemia ha castigado con particular dureza a Latinoamérica y ha generado una situación de mucha mayor inequidad de la que había», sostuvo la analista.

En este sentido, destacó que la capacidad de utilizar la «diplomacia de las vacunas» es muy importante, como ya hizo EE. UU. con Nicaragua.

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Además de esto refiere el tema de la migración y, al respecto, destacó el proyecto Better Together (Juntos es mejor) que consiste en brindar ayuda al migrante venezolano.

«Un pivote muy especial del efecto de la migración desde América Latina es Venezuela, no por el país en sí, sino por lo que implica el terrible éxodo venezolano y las consecuencias que tiene a nivel hemisférico», apuntó Fernández.

Argumentó que se ha evidenciado el colapso de los precarios servicios sanitarios de la subregión y se han producido brotes xenofóbicos, por lo que el tema venezolano figura en la agenda de conversaciones con los mandatarios de la región a los que han visitado los funcionarios de la administración Biden.

Tiempo perdido

Para Luis Daniel Álvarez, EE. UU. se dio cuenta tarde de que estaba perdiendo una región vital, que en la zona sur o lo que consideraban «el patio trasero» hay actores que tienen necesidades, dramas y vicisitudes a las que le prestaron atención con miras a mitigar los dramas, algo que hubiera servido para disminuir las angustias de los mismos estadounidenses.

«Ellos (los norteamericanos) tienen que ver gente metida en camiones de refrigeración, andando el Río Bravo o intentando meterse por el desierto, teniendo una región donde pueden invertir y generar tranquilidad y estar mucho más cómodos para moverse, pero parece que lo olvidaron», cuestionó.

Explicó que China, en cambio, encuentra un terreno muy fértil para poder invertir, territorio sumamente grande que tiene una población ávida de soluciones y mejores.

«Los chinos encuentran un territorio donde pueden incidir y condicionar. Invierten, pero eso indica ‘necesito votos afuera’ o ‘me sacas a los taiwaneses’ y los países lo hacen», señaló.

Añadió que la ventaja de EE. UU. es que Blinken es un gran conocedor del tema internacional y que a diferencia de un Tylerson o un Pompeo es muy preparado en el área internacional y cree en el multilateralismo.

«Habría que ver si EE. UU. está a tiempo para revertir el avance de China o despertó tarde y los chinos tienen la carrera bastante adelantada», finalizó.

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