Fuente: PCR.org.ar

Los jerarcas que usurpan la dirección del Estado y del PC chino aprovechan esta fecha, para remachar su mentira de un “socialismo de mercado” con el que pretenden encubrir su política.

Nosotros, que como dijo alguna vez nuestro querido secretario general Otto Vargas, somos maoístas, no prochinos, tenemos la obligación de contar la verdadera historia, y desenmascarar a esta potencia que se disfraza de amiga de los pueblos, y a aquellos que en nuestro país la ayudan en esta tarea.

Esto es una necesidad para avanzar en la lucha por la liberación nacional y social. Porque el imperialismo chino clava cada vez más profundamente sus garras en nuestra economía, en nuestros recursos naturales y extiende su influencia en ámbitos políticos, empresariales, financieros, etc., subordinando sectores de las clases dominantes locales, para ser protagonista en la disputa por el Atlántico Sur, fundamental en estos tiempos que crecen los factores de guerra entre las potencias.

La Revolución China

Nada tiene que ver la actual cúpula del PC de China con aquel PCCh que realizara su congreso de fundación en la ciudad de Shangai en julio de 1921. Ese Congreso fue detectado por la policía y tuvo que continuar en una barca de turismo. Mao Tsetung, quien con los años se transformaría en el líder del Partido y de la Revolución China, fue uno de los 21 delegados que representaban, según algunos a 52 afiliados, según otros a 57.

En un complejo proceso de lucha revolucionaria armada, de varios años y distintas etapas, el Partido Comunista de China, con Mao al frente desde mediados de la década del 30, “dirigió la revolución de nueva democracia que liberó del yugo imperialista y semifeudal e instauró luego la dictadura del proletariado en el país más poblado de la tierra. Asegurando pan, trabajo, tierra, vestido, techo, salud y educación para todos”, como dice el Programa del PCR.

La República Popular China, fundada el 1 de octubre de 1949, abrió un proceso de inmensa riqueza, en el que las amplias masas campesinas, dirigidas por el proletariado, pasaron a protagonizar la revolución en el país más poblado de la tierra. Mao “En la lucha por avanzar hacia una sociedad sin explotadores ni explotados, formuló la teoría de la continuación de la revolución en las condiciones de la dictadura del proletariado e impulsó la Revolución Cultural Proletaria para impedir la restauración burguesa. Este es su principal aporte al desarrollo de la teoría marxista-leninista”, dice nuestro Programa.

Es decir que no porque la revolución había triunfado, se acabaron los problemas. Por eso Mao y los principales dirigentes del PC chino de ese entonces impulsaron la lucha activa contra “los seguidores del camino capitalista”, como los llamaron.

En ese proceso se inscriben experiencias como las comunas, y sobre todo la Revolución Cultural Proletaria, en la que se puso en discusión el tema del poder en las condiciones de la dictadura del proletariado. En esos diez años entre 1966 y 1976, millones de mujeres y hombres, con gran protagonismo de los jóvenes, practicaron la democracia grande en las fábricas, las comunas del campo y en los lugares de estudio.

Así esa Revolución Cultural logró impedir la restauración capitalista “por más de diez años, pero fue derrotada. Con la muerte de Chou Enlai, Chu Te, y otros dirigentes, y principalmente con la muerte de Mao Tsetung, en 1976, los revisionistas burgueses que habían sido desplazados por la Revolución Cultural Proletaria de la mayoría de las posiciones de poder que controlaban, capitaneados por Teng Siaoping contragolpearon y pasaron a copar la dirección del Partido y del Estado en el Tercer Pleno del Comité Central del Partido Comunista de China, en diciembre de 1978, y con esto fue derrotado el socialismo en el último país donde aún existía, cerrándose así una etapa en la que el proletariado llegó a dirigir una tercera parte de la población mundial”.

La restauración capitalista en China

Ya en 1979, con los sectores burgueses en el poder en China, Otto Vargas realizó el que sería su último viaje a China encabezando una delegación del PCR. Allí pudo comprobar las reformas que se estaban llevando a cabo, que confirmaban la restauración del capitalismo. Reformas que iban desde el desmantelamiento de las comunas populares, tanto en la industria como en la agricultura, así como el desarrollo de las “zonas especiales” donde se radicaron monopolios imperialistas de distintos orígenes, que pasaron a superexplotar a la clase obrera china. Todo esto acompañado de la pérdida de derechos sociales y políticos por parte de los trabajadores y el pueblo, y un régimen represor en lo interno.

Vargas, a su regreso de China, planteó en la dirección partidaria que el capitalismo había sido restaurado en la patria de Mao. Como recordó años después, en China, hacia 1979 “Existían maoístas, pero no se podía revertir esa restauración. Solamente se podía revertir a partir de una lucha por el poder, porque había cambiado la esencia del poder, se había restaurado el capitalismo bajo la forma de capitalismo de Estado, expresamente reconocido, por otro lado, por la nueva dirección del PCCh, que dice defender no ya la dictadura del proletariado, sino la “dictadura democrático-popular”. Pero a diferencia de la Revolución Cultural, en la que los maoístas tenían el control de las palancas fundamentales del Estado, y desde allí pelearon contra los revisionistas, ahora era exactamente al revés” (¿Ha muerto el comunismo?).

China es una potencia imperialista

Con los años y la profundización de las medidas capitalistas, China se fue transformando en un país imperialista, con un desarrollo del capitalismo monopolista de Estado. Hoy todos pueden ver cómo las empresas chinas se expanden por el planeta, en abierta disputa con yanquis, europeos, japoneses y rusos. Esto es lo que Lenin analizó como uno de los rasgos del imperialismo, la exportación de capitales.

Además de grandes monopolios estatales, se han desarrollado monopolios privados, con una inmensa expansión de la Bolsa, los Bancos y el aparato financiero.

El imperialismo chino avanza en nuestro país, con el gobierno nacional y provinciales para la construcción y explotación de  usinas, represas, redes ferroviarias, etc., gigantescas compras de nuestra producción agropecuaria, inversiones en distintas ramas de la producción y los servicios, y  acuerdos políticos, culturales y militares como el que le permite tener una estación espacial en Neuquén.

Como pasara hace muchos años con la degeneración del socialismo en la Unión Soviética y su transformación en potencia socialimperialista, los jerarcas chinos cuentan con defensores en nuestro país. Uno de ellos es el PC de la Argentina. El mismo PC que en tiempos de Mao no se cansó de descargar mentiras e insultos sobre el líder de la Revolución China y los “cismáticos troskizantes”, como calificara a nuestro naciente PCR. Hoy, ese PC no vacila en derramar elogios hacia el “socialismo con particularidades chinas”, que dirige Xi Jinping, y llama a alinearse con él para enfrentar al imperialismo yanqui.

Para que la lucha revolucionaria avance en nuestro país, es necesario desenmascarar el verdadero carácter de China hoy. Una cosa es aprovechar las contradicciones y las peleas entre las potencias imperialistas para que se desarrolle la lucha popular, y otra muy distinta y nefasta es pensar que de la mano de los actuales gobernantes de China vamos a lograr la liberación de nuestro pueblo y nuestra patria. Porque aprendiendo de nuestros patriotas de la guerra por la independencia, peleamos para que no haya amo nuevo ni amo viejo.

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