Fuente: Radio Gráfica

Si bien la configuración del poder real en la Argentina es compleja, resulta ineludible efectuar una indagatoria a fondo sobre las empresas más importantes. En buena medida uno de los problemas de fondo radica en la contradicción entre mercado interno y mercado externo, acicateada por las diferencias en los precios de los productos. Esto enlaza con dos “tradiciones”: la vieja lógica exportadora de materias primas por un lado y la -un poco más reciente- acumulación financiera basada en logro de renta sin inversión.

LA ELITE. El tema de las exportadoras ha pasado a ser central pues los niveles de rentabilidad que poseen son extraordinarios y barren con cualquier comparación ligada a la economía productiva real, de  rasgos esencialmente interiores. Por estas horas las corporaciones que dominan el rubro comercializan en el espacio internacional más del 90 por ciento de la producción argentina de granos, harinas, aceites, carnes, entre otros ítems. El presidente Alberto Fernández y el ministro de Agricultura Luis Basterra explicaron la postura oficial con fundamento.

Por un lado el jefe de Estado señaló yo no estoy diciendo que no ganen. Lo que quiero es que vendan lo que necesita el mercado interno al precio que necesitamos nosotros. Después, afuera vendan todo lo que quieran al precio que quieran”. Su funcionario señaló que la idea tiene posibilidades de aplicación si se despliegan “esfuerzos compartidos” y explicó, con los números en la mano, porqué una leve reducción en el volumen exportable y en los precios internos igual facilitaría un nivel de ganancias sorprendente que no resultaría dañino para las cuentas corporativas.

Las empresas involucradas –ahora veremos cuáles- hacen como que escuchan esas propuestas sensibles y siguen adelante sin modificar su proceder. Sin afán de justificar -con el ánimo de entender– cabe precisar que los gerentes de las áreas comercializadoras no “pueden” disponer re orientaciones que impliquen una baja en el nivel de beneficios sin ser expulsados de sus funciones. Esto fue explicado con sensata síntesis en El Padrino 3, cuando Michael Corleone se dirige a los accionistas de la empresa Internazionale Immobiliare y les pregunta si desean obtener beneficios acelerados sin averiguar cómo se originan, o aceptan lentificar el proceso en honor a las reglas y los controles administrativos. Les habló con el bolsillo, y le respondieron con el bolsillo.

LOS NÚMEROS MANDAN. Como las firmas son cada vez más anónimas, y no por su inscripción legal específicamente, las resoluciones se adoptan observando los números sin tomar en cuenta las consideraciones políticas de los dirigentes que se preocupan por los ingresos de sus pueblos. Es probable que algunos directivos (los que quedan nacidos en estos pagos) de las principales agroexportadoras gusten tomar mate, ver fútbol y hasta simpaticen con factores demonizados de la vida cultural nacional mientras hacen befa, íntimamente, de colegas que prefieren cruceros, grandes hoteles y aburridos juegos de golf. Pero a la hora de firmar las decisiones estructurales de sus compañías se guían por los niveles de ganancia que ofrecen las opciones disponibles.

Debido a que la Argentina posee un mercado externo desregulado, con puertos y acopio de productos naturales en manos privadas, esos directivos no observan razón alguna para resignar beneficios y perder posiciones internas en las empresas para cooperar con un Estado que sugiere, pero no dispone medidas punitivas concretas. Esa región de la economía está en manos de unas pocas compañías bien imbricadas con grandes conglomerados internacionales que ni siquiera tienen raíz en alguna nación imperial, más allá de la radicación para el papeleo en ciertos lugares que evalúen convenientes en materia tributaria.

Así, el Gobierno se encuentra conversando con enormes monstruos gaseosos, de difícil acceso a sus cúspides, que aquilatan beneficios y por tanto poder, día a día. La cuestión numérica adviene en política cuando en la lectura pensada de esas cuentas los estrategas de las corporaciones sacan la misma conclusión que nosotros: sus empresas crecen cuando la Argentina se re primariza. Y viceversa. Esto los lleva, con mayor o menor énfasis, a respaldar las propuestas de desestructuración del mercado interno y sus virtudes encarnadas en la elaboración de bienes de producción y consumo, con buen nivel de valor agregado.

Entonces vamos a las sorpresas. Antes, sólo una aclaración como complemento de lo apuntado: la Argentina es un gran país. Importante en el orden mundial por su capacidad para elaborar alimentos, por sus riquezas naturales y también por la destreza e inteligencia de una población bien formada técnicamente. Por supuesto que, como todos, necesita alianzas, muy especialmente con los vecinos, para potenciarse. Quienes persistan en la zoncera de creer que este es un territorio menor, sin valores científicos y con un pueblo carente de circunvoluciones, pueden abandonar la lectura en este punto. Claro; se perderán lo que viene.

??. COFCO encabeza el ranking de ventas externas de granos, harinas y aceites vegetales. En un pelotón con pocas diferencias, le siguen Cargill, ADM, AGD, Bunge, Dreyfus, Wilmar, LDC, Glencore. Se trata de nueve firmas de estilo global trading companies, que lideran el vínculo argentino con el resto del planeta. No configuran todo el poder, pero sí el sector más importante del poder concentrado. La elite. El análisis siempre debe estar acompañado por el registro de los demás espacios: corporaciones financieras, grandes productores agropecuarios, empresas privadas que operan en nuestro país –energía, minería-, fabricantes de alimentos, medios de comunicación monopólicos, entre otros. Es pertinente aclarar: todos ellos juntos originan menos puestos de trabajo que las empresas pequeñas y medianas, las cooperativas y, claro, el Estado.

Vamos a detenernos en COFCO (aunque pueda confundirse con una onomatopeya de la tos, esas siglas resumen China Oil and Foodstuffs Corporation). Se trata de un holding de procesamiento de alimentos de propiedad estatal china. COFCO Group es el procesador, fabricante y comerciante de alimentos más grande del coloso. También se lo considera uno de los principales grupos de agronegocios de Asia junto con Wilmar International y por lo tanto, de los más grandes del globo. Es definida formalmente en los registros de la República Popular China como “empresa pública”.

Aunque fundada en 1949, su expansión internacional arrancó después de la hecatombe financiera que abarcó los años 2008 y 2009, cuando la presencia de ese país en el rubro logró afirmarse en regiones otrora hostiles. En 2014 dio su gran salto al adquirir la gigantesca Nidera –luego comercializó una parte de las acciones hacia Syngenta- y más tarde progresó, entre 2015 y 2016  hasta la adquisición del Noble Group de ostensible vinculación en el ámbito local. Tras esas compras, COFCO se convirtió en el principal exportador de cereales de la Argentina, dejando atrás a las compañías líderes en el país, pero también en el orden global. Las rezagadas constituyen el célebre ABCDADM, Bunge, Cargill y Dreyfus.

Pierdan cuidado: Esas firmas y las otras cuatro no se han empobrecido ni mucho menos. Siguen amasando tremendas fortunas. Lo que ha ocurrido es que COFCO ingresó, en los dos años recientes, en una vorágine espectacular de ganancias que, al momento, parece indetenible. Con la suscinta descripción planteada, es posible aseverar que una parte del mercado externo argentino está en manos del Estado Chino. También, que la información planteada no releva de responsabilidades al resto de los actores del bloque de poder oligárquico local con presencia extranjera.

LAS PREGUNTAS. Claro: esta precisión modifica una parte del análisis habitual acerca de los protagonistas de la batalla por la distribución del Producto Bruto Interno y genera interrogantes razonables que –intencionalmente- volcamos con espléndida inocencia. Por ejemplo: Sin afectar el esquema actual ¿No es posible para el Estado argentino formular ese pedido de Alberto Fernández transcripto más arriba ante el Gobierno Chino? Si se observan las cuentas –nacionales e internacionales- de COFCO, una disminución tenue del volumen exportable y una adecuación justa de los precios interiores argentinos apenas generaría una ínfima línea porcentual en los beneficios integrales de la compañía. ¿Para qué se invita a COFCO a reuniones donde se lo equipara con productores que dependen de su embudo para comercializar granos cuando se podría dialogar mano a mano con el líder del sector? Es evidente que los gerentes de la firma estatal asiática proceden como el resto y ganan todo lo posible dadas las circunstancias; al tratarse precisamente de una empresa del Estado Chino y no una privada transnacional occidental ¿Es inviable un diálogo geo estratégico binacional que implique una re vinculación?

Que todos saben todo, aunque el pueblo argentino no haya recibido la información adecuada, se trasuntó en la conversación organizada con tono urgente entre las autoridades y las entidades agropecuarias. Si se diseccionan las posiciones y se cava en su sentido profundo, es posible observarlo. El titular de la Sociedad RuralDaniel Pelegrina, invirtió sus primeros minutos frente al Presidente en limpiar su buen nombre y honor. “Nosotros somos argentinos y no somos especuladores”, le dijo en la reunión en la Casa Rosada efectuada el jueves. Con buen tino, la gente de BAE Negocios estimó que fue una alusión “a ese complejo aceitero-granelero-portuario que exporta casi todo lo que muele, concentrado en apenas nueve jugadores y dominado por multinacionales como Cargill, ADM, Bunge, COFCO y Louis Dreyfus”.

LOS INTERESES ESTRATÉGICOS. Por supuesto que la Argentina, más que dialogar en buenos términos con China, necesita controlar su comercio exterior. Las posibilidades abiertas nacen de la propia historia: IAPI, Junta Nacional de Granos. En sintonía: una línea marítima comercial y para abastecerla, astilleros en pleno funcionamiento. Todo eso resulta posible de concretar con la voluntad política justa, asentada sobre el interés geo económico nacional popular. También la construcción de una compañía acopiadora estatal y por supuesto, aire e impulso para pequeños y medianos productores. Así, no faltaría comida ni los precios se dispararían; mientras se completa la cadena productiva local con elaboración de maquinaria propia, se dispondría de las divisas necesarias para la adquisición de insumos. El pueblo argentino posee saber y capacidad para llevar adelante todos y cada uno de esos pasos.

Sin embargo, si lo que se desea es respetar en estas instancias los poderes establecidos y evitar meter mano en la propiedad privada, ciertas vinculaciones están a mano. ¿Es imposible el despliegue de acuerdos provisorios de mutua satisfacción?

El Estado Chino controla la principal acopiadora y exportadora del país.

Ante la dimensión del tema, consultamos analistas internacionales de confianza y especialistas en comercio internacional. No sea cosa de carecer de contención. Las respuestas en base al borrador que aquí se ha transformado en artículo resultaron de gran interés. “Ese diálogo bilateral es posible. Debería desembocar en una participación minoritaria de China en el grupo empresario nacional de producción, industrialización y comercialización de productos exportables de origen agropecuario, pampeano en especial, que sea nuestra verdadera YPF agropecuaria: una empresa de mayoría estatal, que se encargue de todo (esto es un proyecto a largo plazo, pero los chinos no sólo no se opondrían sino que encontrarían en apoyarlo una fuente de estabilidad, y nada les gusta más a los chinos que la estabilidad)”.

Otro de los indagados, develó el impacto que está teniendo la nueva realidad en desarrollo dentro del rubro. Tras observar el primer apunte, indicó: “Gabriel, esa es la propuesta que tiene toda una red de productores agrarios, acopiadores y cooperativas nacionales. Se están organizando para plantearla unificadamente”. Cuando este periodista precisó que esta nota más que una propuesta era una descripción de un proceso económico empresarial, añadió “Si, pero lo bueno de la nota es que no es una denuncia sino que incluye una propuesta política”.

Esta información merece ser evaluada, pensada. Como se observa en la secuencia anual del desarrollo de COFCO, no se trata de una situación generada durante la gestión gubernamental presente sino en un proceso internacional previo y determinado por el curso de los acontecimientos que, atisbando el planisferio, narramos con esmero en estas páginas.

A partir de la difusión de los datos existentes, el estudio de la cúspide del poder en la Argentina exigirá una mirada más completa. Renovada. El diagnóstico que surja tendrá que incluir preguntas como las planteadas y otras más finas, acerca del rol de los Estados en las definiciones económicas.

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