La “primarización cavernícola” como gran oportunidad para la Argentina

Fuente: ValorSoja

La guerra comercial atrasa. El Covid-19 atrasa. La cuarentena atrasa. Todo lo que nos lleva a una “primarización cavernícola” atrasa. ¿Qué puede tener de bueno esto? En principio pareciera que nada. Sin embargo, no todo es tan malo para una nación como la Argentina.

La puja por el liderazgo mundial ya no se dirime con conflictos bélicos convencionales, sino por medio de enfrentamientos económicos, sanitarios, políticos o mediáticos. EE.UU. y China, juntos a sus aliados, vienen midiendo sus fuerzas para ver quién será el próximo líder a escala global.

El concepto de “capitalismo” estuvo tradicionalmente relacionado con el de “competitividad”. Mientras EE.UU. fue competitivo durante su fase indiscutible de liderazgo global, el “capitalismo” y el “libre mercado” fueron términos asociados a crecimiento, desarrollo y progreso. Pero ese paradigma comenzó a encontrar un gran escollo cuando China se tornó competitiva en muchos rubros.

Más allá de todas las falencias presentes en el sistema productivo y laboral de China –que los tiene y muchos– y sin desatender todo el tema vinculado a la Ley de Patentes y de Propiedad Intelectual –una queja constantes de EE.UU.– la realidad es incontrastable: el gigante asiático mejoró en muchos aspectos que hasta hace no mucho eran potestad exclusiva de los estadounidenses.

Más allá de los favoritismos, el resultado está claro: el país “paladín del capitalismo” esta jaqueado. ¿No era acaso ese modelo el que podía generar las empresas más competitivas y las mejores oportunidades? Hoy se pone en tela de juicio tal argumentación y se ponen en duda sus reales virtudes. Y cuando se acaba la competitividad, entonces regresa el proteccionismo.

El proteccionismo que comenzó a instrumentar en 2018 EE.UU., ahora se está globalizando a causa de los desajustes provocados por el encerramiento obligatorio provocado por el Covid-19. Las expectativas de las personas se reducen a cuestiones críticas para ingresar en un período de “primarización cavernícola”. Sanar y comer. Nada más. Nadie está apresurado pensando en el próximo viaje por realizar, pocos piensan en cambiar el auto o agrandar su casa.

Cada vez más países que se están cerrando. Pero lo llamativo es que no solamente restringen el comercio de productos industriales, sino también agroindustriales para consolidar la seguridad alimentaria. La Federación Rusa lo está haciendo con las exportaciones de trigo (¡el principal exportador mundial de ese cereal!), al igual que Ucrania; Vietnam hace lo propio con el arroz. También ocurre en naciones con menos prensa como Kazajstán o Bulgaria.

Argentina es –junto con Ucrania– el país más estructuralmente exportador de granos del mundo. Esto quiere decir que exporta mucho en relación a lo que produce. Cerca del 60% de la producción argentina de granos (en promedio) es enviada a más de cien países alrededor del mundo.

Con Asia en general y China en particular tenemos muchas sinergias, si asumimos que ellos necesitan mucho de lo que nosotros producimos. Sudamérica en general y un bloque como el Mercosur en particular pueden transformarse en los mayores proveedores confiables de alimentos al mundo en la actual coyuntura.

El impacto local de la crisis global que estamos atravesando en innegable. Pero empecemos a hablar de las grandes oportunidades que tenemos por delante. Lo único que se necesita es estar a la altura.

Diego de la Puente. Analista de mercados. Nóvitas S.A.

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