Las impresiones de Etchepare y los 50 chacareros sueltos en China

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Fuente: Bichos de Campo

La consultora Agroeducación organizó un viaje por China con un contingente de 50 productores de diferentes regiones de nuestro país. Carlos Etchepare, analista del mercado de granos y director de noticias de Canal Rural, forma parte de la comitiva que está recorriendo zonas productivas y los centros de consumo más importantes del gigante asiático.

En diálogo con Bichos de Campo, Etchepare comparte algunas de sus impresiones sobre la sociedad china, sus necesidades de abastecimiento de alimentos y las características de su estructura productiva.

– ¿Cuál fue la primera impresión al llegar a China?

Realmente la sorpresa fue grande. Llegamos a Beijing, una ciudad de 20 millones de habitantes que al igual que otras, también enormes, cuentan con una infraestructura muy moderna y con una población que incrementó y modificó su nivel de consumo.

China tiene una población de 1.400 millones, a la que se llegó incluso con la restricción de no más de un hijo por matrimonio, que hace poco fue flexibilizada a dos hijos. Con esta medida se puede esperar un aumento de la demanda de todo tipo de producto en los próximos años, tanto por crecimiento de la población como por la mejora en su calidad de vida. Tengamos en cuenta que hoy los chinos comen las hamburguesas de las mismas cadenas que en cualquier ciudad de occidente y las primeras marcas de ropa y autos.

Realmente quedamos maravillados con Beijing, donde tuvimos la posibilidad de charlar con el agregado agroindustrial de la Embajada Argentina, Hernán Viola quien nos explicó que a diferencia de Brasil, Chile o Perù nuestro país tiene déficit comercial con China. Esos países le exportan minerales y compran productos industrializados. Nosotros vendemos básicamente poroto de soja y cada vez menos aceite, pero no minerales. De hecho, el 80% de nuestras ventas a China son poroto de soja explicó Viola.

– ¿Por  qué los chinos quieren el poroto y no el aceite de soja?

Lo que pretenden es que uno les venda lo que ellos quieren y no lo que a uno le gustaría. Los que ellos dicen es esto: “Véndannos el poroto de soja y nosotros nos encargamos de su procesamiento”. En efecto tienen una industria aceitera muy desarrollada, hay fábricas que pueden procesar 500 mil toneladas por día y muchas de esas fábricas son de las mismas empresas multinacionales que están en nuestro país.

Lo que quieren los chinos es que las empresas procesadoras de cualquier producto se radique en su país y den trabajo allí. Saben que tienen un mercado de consumo enorme y en crecimiento. Por eso pueden exigirles, por ejemplo a las automotrices, que abran sucursales en ese país.

– ¿Qué otros productos piden los chinos?

Por ejemplo hay una demanda creciente de productos de la pesca, como los langostinos que nuestro país está exportando. También hay un fuerte demanda de cortes de calidad de carne vacuna. No entienden por qué no le vendemos más. No entienden por qué Brasil y Uruguay le venden más carne que nosotros. Lamentablemente si quisiéramos colocar más carne vacuna en ese país no tendríamos la oferta de hacienda necesaria. Ojalá con el paso del tiempo podamos ir aprovechando esa oportunidad.

El consumo per cápita de carnes es de 62 kilos por habitante/año que se reparte así: 39 kilos de porcina, 14 de pollo, apenas 6 de carne bovina y 3 de cordero. En el rubro carne vacuna hay mucho por hacer.

Pero los chinos tienen necesidad también de otros productos agropecuarios. Por caso consumen apenas 31 litros de lácteos, y también quieren harina de trigo, cebada, o forrajes para la alimentación animal de diferente tipo. Son muchos los productos que se les puede vender.

 ¿Qué habría que cambiar para lograr una mejor penetración de los productos argentinos?

Creo que es necesario venir a China para entender qué quieren y cómo adaptar la oferta al gusto del consumidor chino. Por dar sólo un ejemplo, los chinos no consumen postres. Pero eso no significa que no haya al menos un nicho de mercado en la venta de esos productos o que no necesiten azúcar por ejemplo.

Además es necesario generar un vínculo sólido. Para ellos es muy importante eso. Las empresas más exitosas en China son las que se instalaron acá y se adaptaron a lo que pide el mercado que está ávido de alimentos  y de productos agropecuarios, más allá de que la política del Gobierno sea trabajar en pos de la autosuficiencia alimentaria.

– ¿Pero soja les vamos a seguir vendiendo entonces?

Poroto de soja seguramente, porque tienen un consumo de 120 millones de toneladas y una producción de 14 millones. Pero cada vez le vamos a vender menos aceite.

Acá hay que destacar que en China no está permitida la producción de soja transgénica, y en el mercado interno hay un fuerte diferencial de precios entre la OGM y la tradicional. Es un país muy estricto en cuanto a la calidad de los alimentos y, según lo que nos explicaba Hernán Viola, el consumidor chino sabe que si el producto es importado es de calidad, porque tuvo que superar todos los controles y exigencias sanitarias que impone el gobierno

CARLOS ETCHEPARE@carlosetchepare

nuestro guía nos recibió ayer con el siguiente comentario “en Hong Kong, excepto una mesa, todo lo que tiene 4/2 patas se come”!😂

– En el arranque de la nota comentaste la impresión que te dieron los cambios sociales. ¿Qué está pasando con los cambios en la estructura productiva?

En primer lugar hay que destacar que los productores son minifundistas. Se trata de familias que tienen superficies de media a 5 hectáreas, pero que en los últimos años sufrieron un fenómeno que se repite en otros países: la migración de los jóvenes del campo a la ciudad. Entonces muchas familias dieron sus tierras en alquiler, pero no a un privado sino al Estado, que luego delega la potestad en otras familia. Así que las que manejan las superficies más grandes tienen unas 100 hectáreas en producción.

Las superficies son muy chicas y además hay otras cuestiones como el retraso tecnológico. Por eso el Gobierno paga subsidios altos. En el caso del maíz se llegaron a pagar 400 dólares por hectárea, así lograron la autosuficiencia. Un dato curioso es que en el caso de este cereal, mientras el USDA dice que el stock chino es de 80 millones de toneladas los funcionarios en Beijing nos decían que era de 200 millones. “Créanle al que quieran”, nos dijeron.

Otro producto muy subsidiado es el arroz, de alta demanda. En ese caso el subsidio llegó a los 1.000 dólares por hectárea. El gobierno chino, como en otros países, subsidia no el consumo sino a la producción. Lo que busca es arraigar a la gente en el campo y desarrollar la oferta para lograr algún día la autosuficiencia alimentaria.

– En su momento se dijo que los chinos, para lograr esa autosuficiencia, iban por las tierras en países como el nuestro. ¿Es así?

No, para nada. Ellos lo que buscan es invertir en empresas proveedoras de insumos, en empresas de logística, en puertos o que las procesadoras se rediquen en ese país. Pero saben que el riesgo está en producir, por eso no quieren tierras. Te dicen: “Asumí vos el riesgo que yo me encargo del resto”. No pretenden comprar tierras.

– ¿En los últimos meses un tema que revolucionó al mercado de granos fue la supuesta guerra comercial con Estados Unidos. ¿Cómo ven el tema los chinos?

No vislumbran que la guerra comercial con Estados Unidos pase a mayores. Eso nos decía uno de los directivos del Instituto para las Ciencias Agropecuarias del gobierno chino. Su visión del tema es que ambos países se necesitas mutuamente y están al mismo tiempo muy seguros de su poder y su potencial.

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