Soja, el hilo rojo que concentra las inversiones chinas en Brasil

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Fuente: Clarin

Soja, el hilo rojo que concentra las inversiones chinas en Brasil

Las exportaciones del complejo agroalimentario brasileño, ante todo soja y carnes, aumentaron 18,5% anual en agosto y alcanzaron los 9.000 millones de dólares. Esto significa que el agrobussines ha sido responsable de 46,4% de las ventas externas de Brasil en este período.

La clave de las exportaciones brasileñas son las ventas de porotos de soja, que alcanzaron en agosto un récord histórico de 5,95 millones de toneladas (un crecimiento del 55,9% en relación a los embarques de 2016), que representaron a 2.230 millones de dólares (un aumento del 40,5% respecto al año pasado).

Lo peculiar de las exportaciones de soja brasileña es que se dirigieron ese mes en su totalidad a un solo mercado: China, que importó porotos de soja brasileños por casi 2.300 millones de dólares en ese periodo (un incremento del 50,8% en relación a agosto de 2016).

Brasil es el principal exportador de soja a China (y representa más de 50% de las importaciones chinas en los últimos 12 meses), seguido por Estados Unidos y la Argentina. Esto sucede cuando China experimenta la más gigantesca transición dietaria de la historia, con el vuelco masivo de su población al consumo de proteínas cárnicas.

Por eso es que las exportaciones de granos para la alimentación animal (soja/maíz), y el aumento del consumo de carnes en China (57 kilos per cápita en 2016) constituyen la línea directriz del intercambio agroalimentario global de los próximos 10/15 años; y los dos componentes esenciales de ese hilo rojo son China (demanda) y Brasil (oferta).

Esta es la razón por la que Brasil recibiría más de 20.000 millones de dólares inversiones chinas en 2017 (un aumento del 6% respecto a 2016): recibiría más de 60% del total de las inversiones de la República Popular en América Latina.

Esta ola de inversiones chinas se concentraría en el desarrollo de su infraestructura, aunque también abarcaría los servicios (sobre todo bancos) y la producción manufacturera a través de un fondo especial de 20.000 millones de dólares lanzado por el premier Li Kegian en 2015.

La infraestructura brasileña es ruinosa; y esta es la razón de fondo del “Costo Brasil” (sobreprecio de 40% inherente a la producción brasileña), que sumerge a la economía de la sexta potencia económica mundial en una depresión de largo plazo, que ha hundido la tasa potencial a 1,5% por año.

Las necesidades de infraestructura de Brasil en los próximos 20 años ascienden a 2,7 billones de dólares; y una inversión de esta magnitud es la condición para superar la depresión estructural de largo plazo a la que está sometida desde la crisis de la deuda externa de América Latina en la década del 80.

Brasil lograría en 2017 la mayor cosecha de granos de su historia (240 millones de toneladas, con un incremento del 30% en relación a 2016); y esto le otorgaría un superávit comercial récord de 61.300 millones de dólares, con reservas por 385.000 millones de dólares.

A través de la inversión china, Brasil podría superar la crisis crónica de su infraestructura y así integrarse al sistema de producción global, del cual está hoy estructuralmente excluida.

Todo esto surge de la relación estratégicamente privilegiada que Brasil tiene con la República Popular, gracias a los porotos de soja.

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