Los chinos quieren desplazar a Odebrecht

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Fuente: Listindiario

Aprovechando el agudo zarandeo que recibieron las estructuras de la poderosa constructora Odebrecht en Latinoamérica, el gobierno de la República Popular China ha motorizado su ofensiva para tratar de insertarse en el mercado de las inversiones en naciones que, como República Dominicana, disponen de limitados recursos para la ejecución de multimillonarias obras de infraestructura con dinero propio.

Eventuales socios locales han estado impulsando las ofertas de inversiones de China en República Dominicana, toda vez que algunos grandes constructores se han sentido desplazados por el poder económico -bajo la modalidad del sistema ‘llave en mano’, que consigue financiamientos a largo plazo para las obras que contrata- y la calidad de los trabajos que en el país ha ejecutado y ejecuta Odebrecht, empresa ranqueada entre las cinco constructoras más grandes y prestigiosas del mundo.

Desde el primer trimestre de este año, misiones de negociadores de China, de bajo perfil periodístico pero de intensos contactos e impulsados por influyentes ‘palancas’ locales, privadas y oficiales, han estado explorando áreas de inversiones, entre otros aspectos la construcción de megasobras, con el propósito de conquistar el favor del Gobierno dominicano, aunque siempre bajo la condicionante del establecimiento de relaciones diplomáticas formales en sustitución de las actuales relaciones comerciales que se realizan con funcionarios de segundo nivel , como son los ‘representantes de negocios’.

Y esto ha provocado un aumento significativo en el laborantismo de Taiwán por consolidar sus relaciones con República Dominicana, una de las  20 naciones del mundo -11 de ellas en Las Américas- que mantienen lazos diplomáticos con los taiwaneses.

“La gran pregunta que debemos hacernos es: ¿está China dispuesta a aportar lo que actualmente aporta Taiwán a República Dominicana?”, comentó Iván Gatón, catedrático y especialista sobre política de Asia, en una entrevista en que analizó las relaciones entre las tres naciones. Y agregó que “el realismo político nos indica que debemos aprovechar a quien nos pueda dejar mejores beneficios como país, no simplemente cambiar relaciones con otro país porque sea más grande y porque genere más económicamente”.

En ese sentido, en los últimos meses han estado en el país el vicepresidente de Taiwán, Chen Chien-jen, varias misiones oficiales y últimamente el canciller de Taiwán, David Tawei Lee, quien hizo serias advertencias en el sentido de que China estaría ofreciendo millonarias inversiones y que luego presionaría para que República Dominicana acepte la inmigración de miles y miles de ciudadanos de China continental.

Gatón explica que “si bien es cierto que China es la principal gran locomotora económica del planeta, lo cierto es que China tiene hoy más de US$500,000 millones  en inversiones taiwanesas, pero quiere que quienes asuman relaciones con ellos rompan con Taiwán por lo que República Dominicana tiene que entender que si rompe sus relaciones dejarán de recibir los más de RD$1 millón mensuales en asistencias para programas como el CAI, el apoyo al desarrollo del Instituto de Tecnología de las Américas (ITLA) así como programas para la producción agrícola, especialmente de arroz, los invernaderos y del sistema de seguridad y emergencias 911”.

La pretensión de los chinos y sus promotores locales choca con varios escollos: un establecimiento de relaciones con China conllevaría inevitablemente a un rompimiento de todo tipo de relaciones del país con Taiwán; las sutiles, pero firmes y concretas, advertencias de Estados Unidos en torno al aumento rápido y sostenido de los chinos en Latinoamérica -zona de influencia geopolítica norteamericana-, quienes ya se aposentaron en Panamá, pero antes lo habían hecho en Costa Rica y Venezuela al tiempo que anuncian planes de inversiones de unos US$30,000 millones en Haití pero tienen en un limbo la construcción del megacanal interoceánico en Nicaragua a un costo estimado en US$50,000 millones.

En ese mismo camino, la estrategia de desplazamiento de Odebrechet por las promesas de inversiones chinas y de quienes los impulsan aquí, choca con tres factores: la alta calidad de las obras de Odebrecht, son una realidad difícil de rebatir y, por tanto, no tan fácil de competir; debido a las negociaciones de la empresa con el Estado dominicano, basado en el pago de sus culpas, continúa al frente de la construcción de las termoeléctricas Punta Catalina, la más grande e importante obra que ha realizado en el país desde el 2001, cuando llegaron a República Dominicana; la colaboración de la empresa con las autoridades dominicanas para que cumplan con su rol de llevar el caso de los sobornos ante los tribunales de justicia; y la decisión de Odebrecht de dejar atrás las prácticas ilegales que la satanizaron por toda América y el mundo, lo que a palabras de Michael F. Munro, alto ejecutivo de la nueva plantilla de la gigante brasileña, durante el Desayuno del Listín Diario, llamó a los escándalos en que se vieron inmersos como “un cáncer que ha sido extirpado”.

Los chinos han ido avanzando en el continente. Ya entraron en Panamá, donde han hablado de inversiones por más de US$10,000 millones, mientras que en Haití ofrecieron invertir unos US$30,000 millones, y se habla de que en República Dominicana dispondrían de una bolsa de más de US$5,000 millones en megaobras, un caramelo que se asemeja al registro de obras de Odebrecht, de casi US$5,000 millones, en el país a lo largo de 16 años.

Y si bien el Gobierno ha oído con un marcado entusiasmo las ofertas de los chinos, no es menos cierto que sopesa con paciencia los efectos de un paso de esa naturaleza, que conllevaría  a la ruptura de relaciones con Taiwán, un tradicional amigo y solidario de los dominicanos.

“Hay que ver cuán importante podría ser la inversión China en cuanto a las exportaciones del país, que son básicamente algunos minerales y algo de productos agrícolas por un monto menor a los US$100 millones anuales, mientras las importaciones que hacemos de China son sobre los US$2,000 millones anuales, una balanza comercial abismal desfavorable para nosotrosÖ y esto se produce en estos momentos, sin necesidad de relaciones diplomáticas, ya que somos el segundo socio comercial de China en la región del Caribe, después de Cuba”, expresó el experto Iván Gatón.

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