América Latina y China: Entre el imperialismo, la dependencia y la maldición de los recursos

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Fuente: Dialogo UPR

Uno de los economistas más celebrados en el mundo y especialmente en América Latina fue Raúl Prebisch. Su acenso a la notoriedad ocurrió durante plena crisis económica de los años 30 en Argentina, donde Prebisch fungía como diplomático comercial. En aquel entonces Argentina dependía económicamente de la exportación de productos agrícolas hacia Europa y en menor escala hacia Estados Unidos. Prebisch había concluido que el problema de Argentina era que los precios de los productos primarios disminuían drásticamente en relación con los productos manufacturados, creando así un déficit comercial entre Argentina y los países industrializados ricos.

Su trabajo político, diplomático y económico, le confirió la oportunidad de ser comisionado por la recién creada Comisión Económica para la América Latina y el Caribe (CEPAL), organismo que se conoce por ser la cuna de la escuela dependentista. La teoría de la dependencia argumentaba que las causas de subdesarrollo del continente suramericano procedían de la estructura económica internacional, donde los países de la región dependían de la exportación de materia prima que usualmente son más baratos, y de la importación de productos finales o manufacturados (más caros). También dependían de la inversión extranjera, lo que impedía el desarrollo de un capital local. El capital foráneo era uno volátil y fugaz que correspondían a las necesidades comerciales de los países desarrollados y no de los países de la región.

Esta relación de dependencia se exacerbaba por el hecho de que las industrias nacientes tenían que competir con las economías de escala, que naturalmente podían vender más barato que los productores locales. Tanto la inversión foránea, como el comercio con tendencia deficitaria, hacían que saliera más dinero de estos países de lo que entraba. Los dependentistas argumentaban que los países subdesarrollados se mantenían pobres, no porque carecían de recursos o sabiduría para desarrollarse, sino porque el mismo sistema internacional los mantenía atados a un ciclo de dependencia y subdesarrollo.

La obra de Prebisch y otros dependentistas, motivó a que muchos países adoptaran el modelo de sustitución de importaciones, con el fin de terminar esta relación asímetrica e industrializar sus economías. Este modelo veía al Estado como motor económico, y proteccionista de la industria local. Pero ya en las década de los 80, estas economías abatidas por la recesión mundial resultante del embargo petrolero de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), se vieron endeudándose a paso agigantados. La mayoría de los países tenían deudas astronómicas, con niveles inflacionarios que llegaban a los 4 dígitos porcentuales, lo que llevó a la región experimentar la infame Década Perdida.

Lamentablemente, Prebisch cayó al olvido y descreditado junto con la caída de la Unión Soviética y la guerra fría. Arropó al continente entonces, una nueva corriente económica e ideológica que encontró eco en Margaret Thatcher y Ronald Reagan: el neoliberalismo.

El neoliberalismo levantó una ola de privatizaciones y liberalizaciones financieras y comerciales que transformaron no solo las economías sino la misma estructura política y social de estos países. Esta década permitió Estados Unidos declararse triunfador de la guerra fría y el claro Hegemón del mundo. Mas importante aún, afincó su dominación económica a través del continente. Lamentablemente las reformas no se tradujeron en un escape del círculo de dependencia y subdesarrollo.

Durante la década de 1990, surge otra encrucijada que terminó siendo nombrada por Robert Auty como la maldición de los recursos naturales o “Resource Curse”. La maldición establecía que aquellos países ricos en recursos naturales, casi siempre tenían peor desempeño económico, que los países que carecían de estos.[i] Esto se debía a varias causas: Primero el infame “Dutch Disease que se refiere al aumento de la tasa apreciación real de la moneda nacional lo que hace las importaciones más baratas pero las exportaciones menos competitivas a nivel mundial. Lo que resulta en la eventual desindustrialización como la experimentaron los países bajos luego de encontrar gas natural en 1959.

Otro problema de la dependencia en la exportación de recursos naturales es la inherente volatilidad en precios, lo que rinde cualquier política pública y fiscal basada en las ganancias de la exportación de recursos, casi imposible de hacer a largo plazo. Los gobiernos son más susceptibles a esta volatilidad cuando acumulan deudas en denominación extranjera durante épocas de abundancia. El problema radica cuando los precios caen junto con el valor de la moneda, el repago se tiene que hacer en tasa más cara, y por tanto endeudando aún más al país.

Finalmente, la dependencia en la exportación de estos recursos puede subyugar al país a una miopía colectiva, donde las ganancias no se invierten o se ahorran para cuando las vacas estén flacas, minando así la posibilidad una política anti-cíclica racional y sostenible. Es bien difícil frenar el gasto gubernamental, especialmente si este no depende de las contribuciones del ciudadana.

Prebisch y Auty tenían algo en común, y es que buscaban entender porque países que tenían todas las condiciones necesarias, como abundantes y fértiles tierras y abundancia en recursos minerales, se veían estancados en un ciclo de “boom y bust” y subdesarrollo.

La teoría de dependencia argumentaba que la relación comercial entre la región y Estados Unidos era una explotadora, que mantenía la región en constante ciclo de dependencia y pobreza, por tanto necesitaba re-enfocar sus economías para poder incentivar la manufactura y producción de bienes finales. Igual, la teoría de la maldición de los recursos naturales, apuntaba también, aunque basado en una explicación menos estructuralista, que los gobiernos deberían controlar el gasto durante tiempos de abundancia, evitar la deuda, y sobre todo diversificar sus economías incluyendo la industria manufacturera.

Ahora que China ha ganado terreno dentro de Latinoamérica me pregunto: ¿Puede China cambiar la relación dependencia que la región ha desarrollado con Estados Unidos, y ayudar a estas economías hacia un nuevo futuro de crecimiento económico y social?

En mi anterior artículo (publicado como parte de esta serie), explicaba los patrones de la presencia financiara de China por toda la región. Uno de los patrones más relevante es que un 99% de la inversión de China se está concentrando en el proceso o en compañías de extracción de recursos naturales o materia prima.[1][ii] Esto es parte de una estrategia general china, donde busca diversificar y asegurarse acceso directo a la materia necesaria para mantener su “desarrollo pacífico”. No es casualidad que las inversiones y préstamos concesionales han sido destinados para Argentina, Bolivia, y Venezuela, exportadores Soja, Cobre, Hiero y Petróleo, respectivamente.

Tampoco es sorpresivo que China solo tiene acuerdos de libre comercio con países que tiene pocas industrias manufactureras (ej. Perú), y prefiere dar “ayuda” o prestamos concesionales a los países ricos en recursos y/o con una base manufacturera más amplia (ej. Brasil y Venezuela).

La entrada de China, ha permitido a los países latinoamericanos poder distanciarse de las garras del águila y afincar una política económica nacionalista y anti-imperialista/anti-americana. Pero la entrada de China no cambia la relación de dependencia asimétrica y volátil a la que Raúl Prebisch condenaba. La siguiente gráfica[iii] demuestra precisamente la volatilidad de los precios de los productos primarios vis-a-vis con los manufacturados.

indice exportacion

Por otro lado está Venezuela, que a pesar de la retórica Bolivariana, soberanista, anti-imperialista, sigue dependiente de la exportación de Petróleo, a la merced del mercado internacional, con un liderazgo político que no ha sabido controlar el gasto, ni reinvertir el dinero que venía del petróleo en la diversificación e industrialización de la economía. Y pero aun empeñando futuros barriles de petróleo a plazos acelerados. Venezuela, no ha podido escapar la maldición, ni con el hechizo del Dragó.

El interés de China se resume en dos aspectos del mismo objetivo neoimperial: acceso directo a recursos naturales y nuevos mercados para sus productos.

Y América Latina  anda abasteciendo con combustible el apetito del Dragón.

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