Made in China. El impacto en la industria de los acuerdos con China.

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Fuente: APA

Por Germán Mangione

Made in China

Entre todas las controversias que generó la firma de los acuerdos de “asociación estratégica integral” de nuestro país con China, el impacto de estos en la industria es uno de los centrales para pensar el desarrollo económico de Argentina. Un repaso por los datos que arroja esta última década de una alianza comercialmente desigual, muestran un panorama poco alentador para el “made in argentina”.

En cada discurso, articulo o diatriba que se hace público en boca de los funcionarios encargados de profundizar los acuerdos con China se trata de poner acento en las inversiones en infraestructura que se están realizando y las que se realizaran en nuestro territorio de la mano del capital chino. Esta orientación de la discusión no es casual. Se trata de desviar la mirada, y las críticas, de los puntos más negativos  y por tanto difíciles de explicar desde una retórica soberana de la relación con la República Popular China: la balanza comercial y el impacto de la relación bilateral en la industria.

La importancia del “Made in argentina”

La Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial, ONUDI,  defiende en su informe anual de 2014 que “la industria manufacturera ofrece la oportunidad, no solamente de reorientar la economía hacia sectores con mayor valor agregado, sino también de brindar una base de empleo relativamente amplia con una productividad laboral superior al promedio”.

El peso de la industria en la generación de empleo y de riqueza de una economía es una cuestión hoy consensuada incluso entre los economistas más liberales. Los funcionarios de diversas áreas vinculados a la economía y a la industria, e  incluso la misma Presidente, reiteran cada vez que tiene oportunidad la necesidad de generar y exportar mercaderías con valor agregado. El procesar y fabricar los productos en el país permite que la rueda económica gire llegando cada vez a más ciudadanos con sus beneficios.

Y esto es así en todo el mundo. En términos de Valor Agregado Manufacturero (VAM) (la riqueza creada en el proceso productivo), llegó  en 2012 un 16,7 % del producto interno bruto (PIB) mundial, recuperándose así de la de la caída registrada en 2008 y 2009 por el estallido de la crisis económica y financiera.

Pero el sol de la creación de riqueza no parece salir parejo para todos. En Asia, principalmente en China, se produce la mitad de la mercancía generada en los países en vías de industrialización. Y este crecimiento de China se ha ido dando paralelamente a la pérdida de importancia del sector manufacturero en el resto del mundo.

china argentina 3Nuestro subcontinente es un claro ejemplo de esa carrera en la que vamos perdiendo. Su aporte al VAM pasó del 35 % en 1992 al 17 % en 2012. Las chimeneas se mudaron hacia oriente.

El intercambio comercial con China

Con ese proceso como base,  el intercambio comercial de nuestro país con China registra un desequilibrio creciente. Mientras que en los últimos 5 años nuestras exportaciones al gigante aumentaron solo un 27%, lo que llega desde oriente creció en ese lapso un 123% .

Esto fue poniendo en rojo los números que a principios de la década pasada nos eran favorables

El saldo comercial, que en 2009 era negativo en US$ 895 millones, el año pasado anotó un déficit de US$ 5789 millones. Exportamos por valor de US$ 5.006 millones e importamos por un monto de US$ 10.975 millones.

Pero no solo hay un problema de montos y cantidades, sino que además se fue profundizando la tendencia de un intercambio desigual en torno a la industrialización de los productos. Exportamos materia prima e importamos bienes industrializados.

El 63% de nuestras exportaciones son porotos de soja, mientras que compramos en China la cuarta parte de los bienes de capital y de consumo importados

Y con los recientes acuerdos en torno a la inversión en infraestructura daría la sensación que ese intercambio desigual tenderá a profundizarse. Más allá de los discurso de diversificación de la relación, se ha omitido en los acuerdos firmados cualquier acceso preferencial de productos argentinos a China, en cambio, se facilita el acceso de empresas chinas a la realización de obras de infraestructura sin estar sujetas a licitación, e importando la mayoría de los bienes de capital. Esto en la medida que también sean las que proveen el financiamiento

En millones de Dólares.

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Los empresarios argentinos divididos.

Pero no en toda la industria local la alianza con China cayó mal. Esto lo demuestra la fuerte interna desatada entre los directivos de la Unión Industrial Argentina tras la firma de los acuerdos. Y es lógico  ya que para algunos es profundizar perdidas, mientras que para otros es una gran oportunidad de negocios.

Para la industria de los alimentos por ejemplo la noticia genera expectativas. Poder exportar estos productos a China es un negocio que nadie quiere perderse. Por eso  Luis Pagani de Arcor, que inauguró en 2006 su oficina comercial en Chin, festeja por estrechar lazos con ese mercado. La alimenticia es una rama que tiene competitividad con los productos de afuera.

Otros que no tiene demasiados reparos en las consecuencias de la relación son los hermanos Bulgheroni, que hace varios años ya asociaron Bridas Energy con la petrolera china Cnooc, y hace poco consiguió en acuerdo con los chinos quedarse con los activos de Exxon Mobile y relanzar las estaciones de servicio Axion sobre la estructura de las viejas Esso.

Para otros miembros del gran empresariado la relación es contradictoria como es el caso del ex senador kirchnerista y dueño de Aceitera General Dheza, Roberto Urquía. La compañía le vende menos del 20% del total de su producción de aceite de soja pero entienden que si se convierten en clientes exclusivos presionarían los precios a la baja con el garrote disciplinador de la demanda única. Y sabe lo que es lidiar con las reglas de juego chinas. Urquía enfrenta por otro lado a los chinos como competencia en el mercado global de maní.

En la mesa de la UIA los más férreos opositores a los acuerdos, y quienes dejaron filtrar el informe criticó a los pocos días de la rúbrica son los grandes productores de acero. Paolo Rocca, de Techint fustigó la profundización de los negocios, a pesar de poseer plantas de su empresa en territorio chino. Saben que mundialmente representan una amenaza a la competitividad.

Según ALACERO  (la Asociación Latinoamericana del Acero) América Latina importó en 2014 8,3 millones de acero laminado (un alza de 57% en comparación con 2013) desde China por la suma de US$ 5.474 millones, lo que equivale a un precio promedio de US$ 658 por tonelada. En el mismo período, China envió al resto del mundo (excluyendo América Latina) 76 millones de toneladas, por la suma de US$ 53.484 millones, que arroja un precio promedio de US$ 700 por tonelada, según la información de la Aduana de China.

Así, entre enero y diciembre de 2014, América Latina recibió importaciones de acero laminado desde China a un precio promedio 6% menor que el resto del mundo.

Según el estudio esto es producto de prácticas desleales, ya que los precios del mercado doméstico de China no se han reducido en la misma proporción.

 Dejando a los vecinos de lado.

Fuera del país, en el vecindario latinoamericano también se encendió la alarma.

Las exportaciones brasileñas al MERCOSUR, entre 2008 y 2012, crecieron 4,6% mientras que las importaciones sudamericanas provenientes de China lo hicieron en un 115%

La preocupación de los empresarios cariocas tiene que ver con la posible profundización de la apertura a la importación de insumos y bienes de capital (herramientas y maquinas fabriles) con mejores condiciones que los socios del Mercosur.china argentina 2

El gigante asiático fue resintiendo relaciones comerciales intraMercosur, haciéndole perder mercados entre vecinos a los socios de la alianza comercial. Las ventas brasileñas al Mercosur y a América Latina, entre 2008 y 2012, crecieron 4,6% y 4,3%, mientras las exportaciones chinas lo hicieron en 74% y 115% respectivamente.

Según la consultora abeceb.com “A enero de este año, las cifras del comercio entre Brasil y Argentina acumulan récords de retrocesos: 16 meses de caídas interanuales consecutivas para el intercambio bilateral; 13 para las importaciones, y 17 meses de 18 en terreno negativo para las ventas externas”. Algo similar sucede con productos industriales nacionales que el vecino carioca comienza a importar desde China.

La peligrosa sustitución Inversa

Un informe elaborado en septiembre de 2014 por la Cámara de Industriales de Proyectos e Ingeniería de Bienes de Capital (CIPIBIC) alertaba que en las últimas décadas China logró posicionarse a nivel internacional como el principal productor y exportador de bienes industriales, desplazando a los líderes tradicionales como Estados Unidos, Japón y algunos países de la unión Europea.

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El gigante asiático concentra en Argentina “casi el 20% de las importaciones locales del sector, al tiempo que para inicios de la década su participación era de apenas el 2,6% del mercado. Este crecimiento tuvo como contrapartida la caída de los proveedores tradicionales, como Estados Unidos, que perdió 13,2 puntos porcentuales de participación en el total de las importaciones argentinas de maquinarias y equipos” (el avance de China en la provisión de bienes de capital implicó también en el período 2007-2013 el desplazamiento de Brasil en el ranking de participación por país).

La disputa por el mercado industrial y de bienes de capital, el otro gran mercado mundial además del de las “mercaderías”, explica también muchos conflictos de orden político al interior de los países latinoamericanos.

El tradicional dominio de EEUU en la región empieza a perder fuerza lo que va generando presiones y conflictos impulsados por los del norte, quienes a pesar del avance chino todavía tienen posiciones dominantes en las principales ramas industriales de la región, y de nuestro país en particular.

“Hay que dejar de mirar a los que nunca nos dieron algo”, exigió CFK en la apertura de sesiones del Congreso de este año sentando clara posición sobre de qué lado de la cancha se posiciona nuestro país en esa disputa. “¡No se puede ser tan estúpido, ni tan subordinado, ni tan chiquito de cabeza!”, concluyó.

Este alcance regional de la disputa y sus características actuales queda de manifiesto en el documento cuando explica que “la creciente penetración de China no resulta ser un fenómeno característico de la Argentina, sino que es de alcance regional. Aunque inicialmente la inserción de productos chinos en la región fue traccionada por bienes de capital seriados (zapatos, juguetes, repuestos automotores), en los últimos años se incorporaron diversos rubros no seriados, lo que denota el acelerado proceso de especialización china en sectores con mayor valor agregado”.

Pero la preocupación no es solo por el cambio de “proveedor” sino que “más allá del desplazamiento que ejerce el gigante asiático sobre los tradicionales proveedores de bienes de capital, se verifica, salvo excepciones, un incremento de la penetración china en diversos productos específicos pese a contar con una capacidad efectiva o potencial para sostener una dinámica local de sustitución de importaciones”.

En síntesis, productos que podrían fabricarse en el país terminan copados por la industria china. En Argentina es el caso por ejemplo de inyectoras para la industria plástica, tonos y varios tipos de máquinas herramienta, grandes estructuras metálicas, plantas de silos, transformadores eléctricos, vagones ferroviarios, turbinas hidroeléctricas y generadores eólicos.

Un claro ejemplo es lo que sucede con la construcción de las represas Néstor Kirchner y Jorge Cepernic de la provincia de Santa Cruz. La llegada  de 4.700 millones de dólares de inversión trae consigo la sustitución inversa. Varios de los componentes de la obra se importaran de China cuando habría capacidad local para su producción aquí.

Los modos chinos

Suele diferenciarse el modo en que la República Popular China se relaciona con el resto de sus “socios” de como lo hace el “imperialismo tradicional”. Algunos académicos han acuñado el término “imperialismo blando” para referirse a la penetración china en África y ahora en América Latina. Lo que no lo diferencia del “imperialismo clásico” son sus fines. Resolver sus necesidades económicas y de materias primas, y colocar sus productos en los nuevos mercados en las condiciones más convenientes.

Uno de esos métodos suele ser el de “yuanes por petróleo” como en el caso de Venezuela, que es el principal deudor que tiene China en nuestro continente. Préstamos financieros condicionados al aprovisionamiento de materias primas con ciertos privilegios se repiten en Bolivia en minería y en Argentina con los productos agrarios.

Pero también se lanzan a la búsqueda del conocimiento que les permita dejar (o por lo menos disminuir) su dependencia a la importación de algunos productos. Tal es el caso de la maquinaria agrícola.

Maquinarias Agrícolas Apache SA es una empresa con planta industrial en Las Parejas (Santa Fe), dedicada a la fabricación y venta de sembradoras, pulverizadoras, tractores, tolvas autodescargables, mixers, descompactadores, rastras y otros equipos.china argentina 4

La empresa china Shandong Changlin llegó hasta el centro de la pampa gringa para asociarse con Apache en la creación de un joint venture dedicado a la fabricación  de maquinaria agrícola bajo el nombre bajo el nombre Shandong Changlin Apache.

El negocio es redondo. La empresa se instalará en China, con trabajadores chinos mientras que de aquí se llevan el Know how (el conocimiento técnico y la experiencia). Y si bien para la empresa santafesina es un gran negocio porque se quedaran con un porcentaje de las ventas, a largo plazo no parece ser buen negocio para la industria nacional. En una primera etapa, la empresa producirá exclusivamente para el mercado chino y luego comenzará a exportar a otros países de la región, desplazando seguramente por escala y capacidad a industrias de este lado del mundo.

Otro modo chino es ya más conocido en la industria argentina. El ensamble nacional. Es el caso de la fábrica de auto elevadores de Rio Tercero que se instalara en el Parque Industrial Municipal de la localidad cordobesa. La firma asiática se asoció a la local Metalúrgica Río Tercero, dedicada a la fundición desde hace 14 años y que actualmente comercializa los productos de su socia. Si bien algunas partes como llantas, alternadores o baterías serán insumos de fabricación nacional, desde China arribarán chasis, motores y caja, las partes con mayor posibilidad de agregar valor. Algo similar a lo que ocurre en Venezuela a partir de los últimos acuerdos que permiten a Firestone, Good Year y Pirrelli recibir más de $284 millones para importar materia prima de China para sus productos fabricados en tierras de Nicolás Maduro. Al igual que en Brasil y Bolivia con el ensamble de autos eléctricos con material importado de China, el negocio es redondo…para los chinos.

También expresaron su preocupación las industrias metalúrgicas proveedoras de insumos para las obras del mercado energético.

“Proyectos energéticos, eólicos e hidroeléctricos, están siendo evaluados con equipamiento oriental, desperdiciando el potencial tecnológico que tiene la Argentina dentro de IMPSA y las empresas que trabajan en el sector”, expreso el titular de Industrias Metalúrgicas Pescarmona (Impsa).

“Más de 400 empresas del sector metalúrgico trabajan con IMPSA en la región. El ingreso de compañías del país asiático está dañando fuertemente la competitividad local en términos de empleo, e ingresos del país”, asegura el empresario.

El futuro llegó

“El mundo, dentro de cinco años, no dentro de cinco siglos, va a ser diferente”,  explicaba Cristina Fernández de Kirchner en su discurso de apertura de las sesiones ordinarias del Congreso pensando seguramente en un mundo en el que el gigante asiático será el líder económico mundial.

Como completando la idea de lo que se le escuchó decir semanas antes en su discurso en la reunión con empresario en China durante su última visita donde había declarado:  “No voy a hablar de soberanía económica, porque hoy es un concepto antiguo. Nadie puede ser soberano económicamente en un mundo tan globalizado y tan interdependiente”

Sin embargo, parece no alcanzar con el optimismo oficial o la promesa de negocios futuros, con solo revisar los números de la última década en la relación bilateral (nacida a partir de la firma de los acuerdos estratégicos que sellara Néstor Kirchner en 2004), podremos entender que el futuro que nos ofrecen llegó hace rato…y no es para nada alentador.

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