Argentina no potenció sus ventajas relativas en el acuerdo con China

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Fuente: Infobae

Cristina Kirchner definió a las economías china y argentina como “absolutamente complementarias”, al destacar los acuerdos bilaterales rubricados con el gigante asiático, presentados por el oficialismo como “exitosos”. Sin embargo, los acuerdos establecidos con China dejan la sensación de que nuestro país, urgido por factores de coyuntura, no potenció todos sus recursos.

Ante las críticas y temores expresados por algunos industriales, la primera pregunta que surge es la de si existía espacio para una mejor negociación.

América Latina tiene muchísimo espacio, como no lo ha tenido en casi un siglo –dijo a Infobae el profesor Mariano Turzi, coordinador del programa Asia Pacífico de la Universidad Di Tella-. Por primera vez desde el recambio de potencias, América Latina tiene lo que las potencias necesitan Además, en estos últimos 10 años nuestro continente ha ganado mucho espacio en autonomía externa. Por razones económicas y políticas, las condiciones para un acuerdo beneficioso están dadas”.

“Es una cuestión de decisión política y de conocimiento –afirma-. De esta situación se sale con conocimiento. Los activos que nosotros tenemos no están solo en el campo, también están en la universidad, entre la gente que tiene la experiencia de haber negociado, los que estudiamos y seguimos este tema. Si no se articula el sector público, el sector privado y la Academia, que es como lo hacen en China, vamos a perder”.

“SE ESTÁ JUGANDO SIN PLAN CON GENTE QUE HACE DE LA ARTICULACIÓN UNA ESTRATEGIA”

El economista Martín Hourest señala por su parte que, al dato objetivo de que se trata de dos economías de talla muy diferente, se suma una desigualdad en el nivel de las estrategias: improvisación de un lado versus planificación del otro. “Si me interesa venderles productos de la cadena agroalimentaria, porque se trata de un mercado de muchos millones, pienso una estrategia con los actores locales de esa cadena, antes de salir a venderle al mundo. Y eso claramente no ha sido hecho. Se está jugando sin plan con gente que hace de la articulación una estrategia. Ellos venden el tren, el financiamiento, los durmientes, los ingenieros y la señalización. La relación es claramente desigual y si uno forma parte de un bloque conviene negociar articuladamente con el bloque“, dice, apuntando así a una de las grandes falencias de la negociación argentina.

“¿Cuánto de coyuntura y cuánto de estructura hay en esto? –se pregunta Hourest-. Mi impresión es que básicamente es un acuerdo para nosotros coyuntural y para los chinos de mediano plazo. Por la desesperación de acceder a recursos que equilibren la cuenta capital por vía del swap, lo que hace Argentina es tratar de comprar tranquilidad en su cuenta capital. Y lo paga caro. No con la tasa de interés sino con concesiones”.

En palabras del profesor Fernando Vilella, director del Programa de Agronegocios y Alimentos de la UBA, el problema “es que en los últimos años, precisamente cuando China juega un rol creciente en la política internacional, el Mercosur está casi desdibujado”.

“La mejor carta de negociación que tiene Argentina con China es el tema agroalimentario –explica Vilella-. Ellos son el 20% de la población del planeta y tienen el 7% de la tierra cultivable y ya la están usando. Cada año, 20 millones de chinos se trasladan del campo a la ciudad y cambian sus hábitos de alimentación y consumo. La demanda de alimentos que van a generar a futuro es muy importante. De aquí a 2030, en China, India, Japón, Vietnam, Tailandia, etc. habrá 900 millones de personas que sólo podrán alimentarse si viene comida de otros lados. Y esos ‘otros lados’ son EEUU-Canadá, Australia-Nueva Zelanda, la zona de Ucrania, y Argentina-Brasil y en menor medida Paraguay y Uruguay. No hay otras regiones que puedan producir esos alimentos. Con lo cual, tenemos una carta de negociación muy fuerte. Y deberíamos negociarla en forma integrada con otros actores; Argentina debería convenir con Brasil esas estrategias para sacar mejor provecho”.

Todos estos datos subrayan aún más la necesidad de una estrategia. ¿Qué hay de la idea de formar una OPEP de la soja alguna vez evocada?

“LOS TÉRMINOS DE NEGOCIACIÓN SE FORTALECERÍAN SI DE ESTE LADO DE LA MESA HUBIERA UNA OPEP DE LOS ALIMENTOS”

“Bueno, nosotros tenemos un margen de maniobra escaso porque somos una economía chica, por eso debemos fortalecernos a través de la unidad con otros, responde Vilella. Brasil y Argentina son los grandes proveedores de algo que ellos necesitan sí o sí: soja para producir cerdo y pollo, que constituyen su dieta. Esos términos de negociación se fortalecerían si de este lado de la mesa estuviera una OPEP de la soja, o de los alimentos. No es fácil, pero tampoco imposible. Tampoco parecía posible que se juntasen Francia y Alemania después de la Guerra… y lo lograron”.

Uno de los factores que condicionó las posibilidades de Argentina de explotar mejor sus ventajas fue la acuciante necesidad de financiamiento de un país que veía mermar sus reservas y cuyo default técnico le impide acceder al mercado de capitales. Así lo explica Sergio Cesarín, politólogo y profesor de la Universidad Tres de Febrero (UNTREF), que realizó parte de sus estudios en Pekín: “Siempre hay posibilidades de negociar mejor pero sucede que los márgenes para la Argentina están reducidos, dado que somos un país que necesita inyecciones de dinero para financiar, como en este caso particular, obra pública, infraestructura. Aunque partamos de grandes asimetrías, y con un escenario de ensanchamiento del poder relativo de China, que ha crecido en los últimos años, mientras que nosotros perdemos poder relativo, incluso a nivel regional, siempre se puede contar con una mejor plataforma de negociación y construcción de acuerdos. Son las condiciones micro y macroeconómicas, la postura internacional del país y ciertas decisiones de política económica las que nos imponen –o autoimponen-un margen más acotado de acción”.

“Hace varios años que se habla de la unión de los agroproductores competitivos a nivel global –agrega Cesarín, en referencia a la mentada OPEP de los alimentos-, pero lamentablemente por diferentes factores, como la degradación del Mercosur en los últimos tiempos, cuyos miembros precisamente son actores competitivos en esa área, no ha avanzado. Igual es una idea que se puede reflotar. Para países como el nuestro que tiene grandes asimetrías con China, negociar en forma conjunta siempre agrega capacidad para maximizar los beneficios de un acuerdo”.

También Martín Hourest subraya las limitaciones locales en esta negociación: “China sabe que le conviene comprar commodities antes que productos elaborados porque están comprando trabajo argentino. Lo grave es que nosotros, sabiendo esto, no hemos hecho nada en diez años para agregar trabajo a nuestros exportables. Lo que la Argentina recuperó industrialmente en estos años se debió al atraso salarial, por la brutal devaluación inicial de Remes Lenicov – Lavagna, y a una importante demanda internacional de bienes. Cuando esas dos cosas se cortan, se empiezan a sentir los remezones porque la base industrial no cambió en estos años”.

“DENTRO DE LA CANASTA EXPORTABLE, HEMOS PERDIDO VALOR AGREGADO”

Hourest explica que, en esta década, de los grandes de América Latina, Argentina es el país que menos invierte, 17,3% del PBI. Además, antes, tanto la región como Argentina, invertían 40% en bienes de capital y 60% en construcciones. Pero mientras América Latina invirtió esos porcentajes -ahora es 60% en bienes de capital y 40 en construcciones-, el único país que quedó fijo en la anterior proporción, invirtiendo poco y con esa mala matriz de inversión, es la Argentina. “Por lo tanto, dice, la economía que le ponemos enfrente a China es una economía que invierte poco y mal, que produce y comercializa bienes primarios y cuyos centros de decisión en materia de cadenas de valor están concentrados y son transnacionales”.

Argentina no sólo no habría negociado en las mejores condiciones, sino que ha experimentado un retroceso en la relación. “Dentro de la canasta exportable hemos perdido valor agregado –dice Cesarin- y esto es por factores combinados: escasez de la oferta argentina, fallas en la política de promoción, falta de interés o voluntad de compra por parte de China, represalias chinas porque imponemos medidas antidumping, etc. Lo cierto es que antes vendíamos más tubos sin costura, más aceite de soja, y ahora hemos retrocedido hacia una canasta más primarizada. Pero es una preocupación compartida con otros países de la región: pasa en Chile con el cobre e incluso en Brasil con el mineral de hierro”.

“Nuestras exportaciones a China en los últimos años están conformadas cada vez más por productos sin agregado de valor, siendo la soja el producto estrella –dice Vilella-. Y si antes vendíamos aceite, ahora es casi todo grano, con lo cual tenemos un retroceso en las ventajas comparativas de Argentina”.

En cuanto a las concesiones más discutidas de los acuerdos, la adjudicación directa de obras de infraestructura a empresas chinas y la posibilidad de que éstas importen mano de obra, a Vilella le parece más preocupante lo primero: “No tener un precio de referencia, lleva al ‘¿cómo cerramos la cosa?’, queda todo sujeto al nivel de corrupción de un país en un momento dado. Desde el punto de vista de la transparencia siempre es mejor un concurso de precios que decisiones basadas en la voluntad de un funcionario. Aunque es obvio que si un país da un crédito lo da para que los equipos los fabriquen sus empresas”.

“Por experiencia propia –dice Sergio Cesarin, que en el pasado trabajó en Cancillería y en el Ministerio de Economía-, y además porque está asentado en documentos oficiales chinos, me consta que ellos buscan promover la exportación de mano de obra. Es una práctica muy común, sobre todo en el caso africano. Se puede decir que no somos África y que los trabajadores latinoamericanos están más calificados. De todas maneras no deja de ser un punto a tener en cuenta. Siempre la expectativa de China es, en la medida de lo posible, trabajar con sus obreros porque saben que el nivel de conflictividad laboral en nuestras regiones es más alto que el de allá”.

“EL ERROR ES VENDER ESTE ACUERDO COMO SI FUERA UN EXITAZO CUANDO EN REALIDAD NO LO ES”

Detrás de la complementariedad evocada por el Gobierno, ¿estamos reeditando esquemas coloniales del pasado? Los especialistas destacan que las condiciones no son las mismas, sobre todo porque hoy la Argentina no tiene una única opción, como en el pasado sucedió con Gran Bretaña. “No deberíamos repetir los errores de comienzos del siglo XX, cuando había un solo mercado, Inglaterra, y cuando eso se cayó, cayó Argentina. Hoy, a diferencia de aquel momento, hay muchos mercados. Por suerte, el mundo emergente ha crecido, el sudeste asiático, la Asean, el mundo árabe, el África subsahariana, y la propia América Latina. Deberíamos tener una estrategia de mercados diferenciada porque nuestra capacidad de negociación es muy baja y estos países desde el punto de vista de nuestra escala son muy interesantes y no demandan solo soja, Los países árabes, en particular, son otro foco interesante del mundo porque importan mucho y con más valor agregado. Importan 5 veces más no commodities que China”.

Hourest sostiene que “hay que promover exportaciones y generar oferta local, y esto se debe ir haciendo sobre la marcha”. “El problema es que no se hizo nada. Asentados en un boom de consumo que duraba mucho, todo ese proceso de reconversión del aparato productivo no se dio. La lógica del vivir con lo nuestro no va, porque todos los actores del sistema industrial son importadores”.

¿Qué margen tendría un próximo gobierno para modificar o desconocer estos acuerdos?

“Si por ejemplo, este conflicto con la UIA fuese políticamente rentable no me extrañaría que alguno de los candidatos a presidente considere denunciar el acuerdo. Este tipo de problemas se podría evitar consultando, preparando”, dice el profesor Turzi.

“Una posibilidad –responde Hourest por su parte- es decir, por ejemplo respecto al plan de equipamiento ferroviario, discutamos de acá a 5 años, cuánto de todo esto lo podemos producir localmente. Pensemos en cuántas empresas –cerca de la mitad- desistieron de sus juicios ante el Ciadi, que eran fruto de los acuerdos de inversión firmados por Menem en los 90 que parecían inamovibles. Nada indica que eso con China no se pueda hacer. El error es vender este acuerdo como si fuera un exitazo cuando en realidad no lo es”.

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