Socios con la nueva potencia económica mundial

Fuente: Pagina 12

Argentina, en particular, y América latina, en general, son proveedoras de materias primas a China, mientras que el gigante asiático vende productos manufacturados. La relevancia de los acuerdos firmados esta semana reside en que están vinculados también al sector nuclear, tecnología aeroespacial, turismo y minería.

Es el principal comprador mundial de trigo, soja, arroz y carne, y primer prestamista de los países de América latina, superando al Banco Mundial y al Banco Interamericano de Desarrollo. Explica más del 40 por ciento del consumo mundial de zinc, aluminio, cobre, carbón y carne de cerdo y constituye el mayor financista del Tesoro estadounidense y primer poseedor de reservas internacionales. Segunda economía del mundo; primera en las exportaciones globales. Con sus 1300 millones de habitantes, la economía china crece a un promedio del 10 por ciento desde hace 30 años, y sus políticos ocupan lugares de decisión en el Consejo de Seguridad de la ONU y la Organización Mundial del Comercio. Si se tienen en cuenta esos datos, el antagonismo “China sí o China no” queda encandilado por la pregunta fundamental: ¿cómo relacionarse con el gigante asiático?

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner visitó China la semana pasada. Regresó con 22 nuevos acuerdos marco y se esperan novedades concretas en energía nuclear, tecnología aeroespacial y minería, que se sumarían a las inversiones asiáticas en ferrocarriles, represas hidroeléctricas, petróleo y el swap para reforzar las reservas del BCRA.

Pero más allá de los avances puntuales de esta visita, el debate sobre la relación entre Argentina y China está abierto. ¿Se trata solamente de una nueva forma de dependencia como pasó antes con Inglaterra y Estados Unidos?; ¿qué es el “imperialismo chino”?; ¿cómo cambia el mapa geopolítico el ascenso de China?; ¿quién perdió posiciones en el país en manos del avance chino?; ¿cómo le va a la Argentina cuando compite en el exterior con los productos de China?; ¿hacia dónde se dirige el modelo de desarrollo chino? Página/12 consultó sobre estos temas a varios especialistas.

Comercio periférico

La relación diplomática entre la Argentina y China nació en 1972, apenas después de que Estados Unidos, con Richard Nixon en la Casa Blanca, descongelara su vínculo bilateral. Natalia Zuazo y Matías Rohmer destacan que, luego de cuarenta años, China es el segundo socio comercial de la Argentina, y la Argentina el cuarto socio de China en América latina. Advierten que hasta 2008 el comercio con el país asiático fue superavitario para la Argentina, pero después se volvió deficitario. Es un recorrido conocido para el comercio nacional, porque las exportaciones de productos agrícolas crecen más lento que las importaciones industriales. Eso se relaciona directamente con la estructura del comercio bilateral: Argentina vende porotos de soja, petróleo, aceite de soja, cueros y pieles y carne, pero importa desde China teléfonos, computadores, químicos, motocicletas, juguetes, manufacturas de plástico e instrumental médico.

Esa estructura comercial se replica en la relación con América latina. “Se reflota el tradicional modelo de intercambio entre países centrales y periféricos. La región se convirtió en el principal proveedor de China en soja, mineral de hierro, cobre, níquel, harina de pescado y otros productos primarios. Argentina concentró sus ventas hacia China en el complejo oleaginoso, Colombia en aceites crudos de petróleo o mineral bituminoso, Perú y Chile en cobre, hierro y sus derivados, Brasil en granos de soja, Venezuela en petróleo y Bolivia en minerales”, explica Luciano Bolinaga, autor del libro China y el epicentro económico mundial del Pacífico Norte.

El aumento del peso comercial de China fue a costa de los Estados Unidos y Europa, en un giro inédito en la historia económica moderna. El NO al ALCA que en 2005 sentenciaron Néstor Kirchner, Lula da Silva y Hugo Chávez en Mar del Plata es la imagen del cambio en el eje comercial. Entre 2002 y 2011 el peso de Estados Unidos en las exportaciones latinoamericanas bajaron del 57,4 al 35,1 por ciento, y del 47,1 al 30,3 por ciento las importaciones originadas en el país del Norte. Esos datos son reseñados por los investigadores Marcos Antonio, Macedo Cintra y Eduardo Costa Pinto, en un artículo publicado en la revista Voces en el Fénix.

El tipo de comercio con China parece encuadrar en la tradicional vinculación centro-periferia. Eso trae aparejados varios problemas, porque la economía basada en recursos naturales es más volátil, supone un mayor nivel de desempleo estructural y salarios más bajos. En algún momento define un saldo comercial deficitario y obliga a devaluaciones bruscas, endeudamiento masivo o entrega del patrimonio público. Una historia conocida.

Chinodólares

El comercio es por excelencia la principal forma de relacionamiento económico con el gigante asiático. No obstante, Argentina y la región también han conseguido acceso a las divisas a partir de las inversiones externas y los mercados de capitales de China. Los principales desembolsos en Inversión Extranjera Directa (IED) se concentraron en Argentina, Venezuela, Brasil y Perú. En la economía nacional llegaron los “chinodólares” para comprar trenes y realizar obras en materia ferroviaria, compraron la mitad de Pan American Energy y ya comenzaron los desembolsos para la construcción de las represas en Santa Cruz. Se podrían anotar también en esa lista la cuarta y quinta central nuclear y explotaciones mineras, entre otros proyectos.

También avanza la relación financiera. Desde 2005 China pasó a ser el mayor prestamista de los países de América latina, superando al Banco Mundial y al Banco Interamericano de Desarrollo, especialmente para los países con dificultades de acceso al mercado de capitales internacional, como es el caso argentino. El swap de monedas con Argentina puede llegar a los 11 mil millones de dólares, de los cuales hasta ahora ingresaron 3100 millones. Los préstamos hacia Brasil se dirigieron a estimular la inversión de Petrobras en el presal y a Perú, para equipamiento minero.

El Mercosur

“Un fenómeno aún poco estudiado es cómo la expansión de los vínculos comerciales bilaterales entre cada país de nuestra región y China horada la propia integración intraindustrial. La compra de manufacturas finalizadas e insumos industriales de Oriente evidentemente pone en riesgo una muy anhelada integración de las cadenas productivas regionales”, advierte el economista Ariel Slipak.

En efecto, los investigadores Marta Bekerman, Federico Dulcich y Nicolás Moncaut calcularon que entre 1998 y 2011 la Argentina perdió un poco más de seis puntos porcentuales de su participación en el mercado de importación brasileño mientras que China incrementó su participación en un poco más de doce puntos porcentuales. La retracción nacional se ve en siderurgia y el sector textil. “En industrias como la petroquímica y la de bienes de capital, China muestra un fuerte avance para posicionarse como uno de los principales proveedores ocupando nichos en los que la Argentina no pudo posicionarse. Sólo en el caso de la industria automotriz mantiene un peso significativo”, agregan.

¿Nuevo imperialismo?

La relación económica entre Argentina, en particular, América latina, en general, y China se encuadra hoy en el extractivismo y venta de commodities a cambio de compra de tecnología. El punto es qué postura adopta o podría adoptar China ante una estrategia de desarrollo latinoamericana que discuta en algún punto sus pretensiones. En otras palabras, ¿es sólo un socio comercial de las características mencionadas o constituye una nueva potencia imperial con intención de cercenar iniciativas de desarrollo económico? ¿Qué quiere China?

“Los intereses de China en América latina son la adquisición de materias primas, la obtención de mercados para sus productos, aislar internacionalmente a Taiwan y asegurar alianzas estratégicas como parte de su posicionamiento mundial”, explican Paola Baroni y Florencia Rubiolo en “Relaciones entre América del Sur y China: ¿Una alternativa para una inserción internacional autónoma?”. En esa línea, Bolinaga sostiene que “China tiene el posicionamiento internacional de una gran potencia. Y más allá de los discursos, los datos muestran que desde los ’90 perdemos capacidad de exportar valor agregado. En 2008 China dejó bien en claro que su interés en la región son los recursos naturales. Hay un patrón concentrado de exportación que se reproduce en todos los países”.

Gustavo Girado, coordinador del Observatorio Asia-Pacífico de la Universidad de La Matanza, asegura, en cambio, que China no llena los casilleros de un “imperio”. Explica que “China comenzó el siglo XX con ocho invasiones de potencias occidentales. Ellos no se olvidan de esos millones de muertos. Y para los chinos eso no es historia, es apenas anteayer”. Consultado por la presencia de China en Africa, Girado admite que allí se exportan directamente obreros chinos, pero que “se trata de países desarticulados institucionalmente. China no espera de ningún modo conseguir algo así en la Argentina”.

Federico Vaccarezza, magister en Relaciones Comerciales Internacionales de la Untref, hace hincapié en la distancia cultural entre ambos países. “¿Alguien puede imaginarse a los líderes argentinos viajando a Beijing para pedir apoyo en una elección? ¿O a empresarios chinos conspirando para derrocar un gobierno? ¿Es factible que banqueros chinos busquen desestabilizar nuestra economía, que sobornen a los parlamentarios para sacar una ley de flexibilización laboral? A pesar del peso de China en la relación bilateral y de su volumen, nada indica que sus inversiones en el país tengan algún condicionante político, como nos acostumbraron otros tantas veces”. De todos modos, existen condicionamientos económicos, porque en los préstamos financieros imponen la compra de equipamiento chino o la garantía de venta de productos primarios.

China pretende avanzar en el vínculo económico con la Argentina bajo la actual lógica. Los altos precios de las materias primas permiten a los países de la región financiar sus procesos de crecimiento, aunque con el riesgo a mediano plazo de profundizar la dependencia. En particular, la Argentina y Brasil enfrentan una situación compleja porque tienen que competir contra la manufactura china, lo que despierta preguntas de hacia qué tipo de industria nacional se debe apuntar. No se sabe bien qué está dispuesta a tolerar China de parte de sus nuevos socios en términos de políticas económicas. Nunca es tarde para averiguarlo.

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