Argentina: Otra marea roja, el país del made in China

Fuente: La Nación

Una marea lenta, pero implacable, avanza por la economía argentina, donde cada vez más espacios son ocupados por productos, empresas e inversiones chinas. Desde gaseosas, autos y juguetes hasta grandes obras hidroeléctricas, cerealeras y bancos, pasando por jugadores de fútbol, costumbres culinarias y equipamiento ferroviario, todo es válido a la hora de alimentar la decisión estratégica del gigante asiático de aumentar su presencia en el país.

Las importaciones chinas pasaron de ocupar 5% del total de las compras argentinas al exterior en 2001 a representar 15,3% en 2013, según la consultora Desarrollo de Negocios Internacionales (DNI). No sólo eso: los 15.000 autoservicios chinos que hay en la Argentina explican el 30% de las ventas minoristas a nivel nacional. Además, una compañía china, Cofco, compró 51% de la semillera Nidera y tiene la planta de la firma Noble Grain, que está sobre el río Paraná; allí se reciben granos y se produce aceite.

«Dentro de una casa, hay muy pocas cosas que no sean chinas», afirma Miguel Belloso, que dirigió el centro de promoción comercial en Shanghai entre 2000 y 2009, y que ahora es director de posgrado de la USAL en la Escuela de Estudios Orientales. «En materia tecnológica -agrega-, todo lo que se arma en Tierra del Fuego está 100% fabricado con componentes chinos. Son eficientes, más baratos y de mejor calidad.»

Hay, sin embargo, algo que aún no tienen aquí: tierras. Según Ernesto Fernández Taboada, director ejecutivo de la Cámara Argentino China, han mirado y preguntado por precios, pero las ideas de cotizaciones que ellos traen están alejadas de los valores reales del mercado argentino. «Además, ahora hay una ley que les impide a las empresas extranjeras las compras de grandes superficies de campo», acota el directivo.

Esta avanzada forma parte de un plan estratégico que abarca toda América latina, pero sin desafiar a los Estados Unidos, que es la potencia económica regional. «Ellos acuerdan muy bien con los norteamericanos con qué productos van a ingresar y con cuales no, y a partir de ahí se presentan como un país nuevo, diverso y extraño», dice Belloso.

Esta realidad preocupa a la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), que denunció que los productos made in China invadieron nuevamente los catálogos de ofertas y las góndolas de las principales cadenas de retail del país. «Según un relevamiento realizado por CAME en las siete cadenas más grandes, el 77% de los productos no alimentarios que actualmente promocionan al público son de origen chino», expresó la entidad mediante un comunicado.

Sillones, alfombras, sierras eléctricas, lijadoras, caladoras, taladros, amoladoras, cortadoras de césped, desmalezadoras, sanitarios, accesorios para el automóvil, hidrolavadoras, herramientas de todo tipo son algunos de los miles de productos de origen chino que, según CAME, han vuelto a invadir el mercado argentino.

Vale aclarar que en la mayoría de los casos se trata de productos fabricados en China, pero dentro de las zonas económicas exclusivas creadas a partir de 1978, donde hay 600.000 empresas de todo el mundo, entre las cuales están las 500 principales multinacionales. Esas zonas fueron el puntapié inicial para comenzar a industrializarse y luego salir a la conquista de mercados externos. Fijaron una hoja de ruta y empezaron con Europa, en 2000; luego con África, en 2004, y por último con América latina, en 2008.

Pero hay una forma más subliminal en la que el dragón chino pone su pie en la Argentina: la gastronomía. «Hay mucha comida fusión y se ha incorporado mucho de alimentación china básica a lo que es la oferta gastronómica local», comenta Miguel Ángel Calvete, director ejecutivo de la Federación de Supermercados y Asociaciones Chinas y director ejecutivo de la Cámara de Autoservicios y Supermercados Propiedad de Residentes Chinos (Casrech). Parte de ese plan es el lanzamiento de su popular bebida JDB, que se elabora en Taiwán y que es en China el equivalente a la Coca-Cola.

Además, según señala Belloso, hay una creciente penetración de carácter cultural a través de los institutos Confucio, que tuvieron la estrategia de instalarse como una entidad que acerca a un país a través de conceptos no agresivos ni políticos. «Son formas de ir generando gustos y simpatías, y el hecho más importante es que tienen acá una colonia de 120.000 chinos, con 15.000 supermercados chinos que combinan los gustos occidentales con los orientales», dice el especialista.

La minería no queda fuera de la órbita de las inversiones orientales en el país. La empresa que tiene la concesión de la mina de mineral de hierro en Río Negro, que se llama Minera Sierra Grande, es propiedad de la china Metalurgical Group Corporation (MCC). Además, hay varios capitales chinos asociados a proyectos de exploración de litio, el «oro blanco» que abunda en la Puna argentina y que se usa para fabricar, entre otras cosas, baterías.

En lo que hace a la industria automotriz, tienen su sello aquí con la marca Chery, fabricante de automóviles fundada en 1997 con sede en Wuhu, China. Su filial local está en manos de Grupo Socma, propiedad de la familia Macri (fabrican en Uruguay y venden en la Argentina). Aún no han llegado al país otras marcas chinas que ya se comercializan en la región, como Geely, Lifan y Changan, o la fábrica de camiones JAC.

Si bien están presentes, como se dijo, en cada componente electrónico que ingresa al país y que luego se ensambla en Tierra del Fuego, otra idea de las compañías chinas es comenzar a poner un pie con sus propias marcas, como lo hacen por ejemplo con los celulares HTC. Otro tanto hace Huawei, el proveedor líder global de tecnologías de información y comunicación, que se encuentra 285 en el ranking de las 500 mayores empresas del mundo. Se trata de una política que quieren ampliar a otras compañías de esa nacionalidad.

Según precisa Fernández Taboada, además de posicionarse en el sistema bancario con ICBC y en el manejo de puertos con Noble Grain, también están presentes en el comercio marítimo, con dos firmas: Cosco y China Shipping.

GOLES CHINOS

¿Se podrán importar goles chinos? Es probable. Por lo pronto, Boca y River firmaron un convenio con la Federación China de Fútbol mediante el cual será posible la llegada de futbolistas de esa nacionalidad. Además, el acuerdo incluye el intercambio de técnicos. Hubo una experiencia fallida, hace 12 años, cuando el club xeneize fichó a Li Chao, que nunca llegó a jugar en Primera.

El progreso en el terreno futbolístico no se queda ahí. Calvete confió que en pocas semanas se fundará el Club Social y Deportivo Chino. «La idea es tener una entidad como en su momento fueron Deportivo Italiano, Deportivo Armenio o Deportivo Español», acota.

Además de las múltiples marcas propias que lanzaron los autoservicios chinos, que incluyen desde fideos (Molino Dorado) hasta vinos (Viñas Doradas), también está la modalidad adoptada por Casrech, de comprar empresas con marcas conocidas, para llegar más fácil al consumidor. Así fue como, por ejemplo, compraron en 2009 Compañía Láctea del Sur (ex Parmalat) y uno de sus principales activos, la marca Gándara, en la localidad bonaerense de Chascomús.

El plano energético es quizás uno de los más explorados por los inversores chinos en el país, en sintonía con las necesidades de recursos naturales que presenta el gigante asiático. En el sector petrolero tienen una fuerte presencia aquí con cuatro empresas: Sinopec, con varias explotaciones en Chubut, Santa Cruz y Mendoza; China National Offshore Oil Company (Cnooc), que compró 50% de Bridas por US$ 3100 millones en 2010 y se quedó con el 40% de Pan American Energy; Petro AP, que adquirió 30% de las acciones de la empresa Alianza, que tenía participación junto a YPF en el área denominada Llancanello R, y JHP, que está en Salta y Jujuy.

Esto no es casual. En materia de petróleo, hasta 1993 China se autoabastecía, pero a partir de ahí se impulsó la producción industrial y tuvo que empezar a importar. Hoy supera a los Estados Unidos como importador de crudo. En gas ocurre algo parecido, más que nada para alimentar centrales térmicas. En materia de minerales, necesitan prácticamente todo. Además, perdieron la autosuficiencia alimentaria a partir de 2003, pese a ser el primer productor mundial de muchos productos. Por eso están obligados a integrarse con ciertas regiones del mundo.

Lejos de la rimbombante suma de US$ 20.000 millones anunciados (y nunca concretados) durante la visita en 2004 del presidente chino Hu Jintao, la llegada al país del actual mandatario, Xi Jinping, vino acompañada de nuevos convenios. Uno de los acuerdos estipula que el banco chino ICBC, presente en la Argentina, financiará con US$ 4714 millones la construcción de las represas hidroeléctricas Jorge Cepernic y Néstor Kirchner, en la provincia de Santa Cruz. El país asiático invertirá, además, US$ 2099 millones para renovar el Ferrocarril Belgrano Cargas, con una contraparte de US$ 370 millones del Tesoro nacional.

El economista Luis Palma Cané explica que esto forma parte de la moderna ola de expansión de China en el mundo, que en esta nueva etapa agrega la ejecución de obra pública vía licitaciones internacionales o adjudicaciones directas. También el gobierno de Xi Jinping se comprometió a financiar la compra de 11 barcos para dragado por US$ 423 millones en una primera etapa. «En última instancia, ellos lo que buscan en todos estos casos es exportar su equipamiento», concluye Palma Cané.

Además, en este encuentro entre el presidente chino y la presidenta Cristina Kirchner se firmó un compromiso por US$ 11 millones entre el Banco Popular de China y el Banco Central de la República Argentina, para que en el caso de ser necesario se intercambien las monedas, lo que se conoce como swap. «Se habló mucho de que esto iba a aumentar las reservas, pero sólo servirá para pagar importaciones desde China, porque el yuan no es moneda de reserva», explica Luis Palma Cané, que advierte que, ante la situación de default, eso quedó pendiente.

En definitiva, estos anuncios no derivarán más que en una mayor presencia de productos chinos en el país, algo que alimentará la marea asiática en estas tierras. Es que, como destaca Belloso, «en realidad, más que inversiones, lo que hacen los chinos son negocios financieros en su beneficio»

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