Como hormigas, como marcianos: cinco claves de «La silenciosa conquista china»

Fuente: MDZoL

Dos periodistas españoles que trabajan en China recorrieron 25 países para demostrar cómo China conquista el mundo mientras el resto de los mortales nos preocupamos por cuestiones cotidianas locales. Una nueva «lista MDZ», con mapa interactivo y videos.

China se convierte, como alguna vez lo fue Estados Unidos para Europa, en el país capaz de financiar ilimitadamente las necesidades del resto del mundo en crisis. Europa y Norteamérica aprovecharon otras crisis para colocarse como centro del universo y en esas condiciones esta hoy el gigante asiático. Pero con un agregado: China está presente en todo el mundo.

Su comunismo pasteurizado por el mercado es práctico: ninguna de las consignas que sirvieron de motor a Occidente les resultan propias y, por lo tanto, avanza haciendo caso omiso a cualquier recomendación internacional, a cualquier situación particular de los países a los que asiste, sostiene o les da vida artificial. ¿¡Cuánto le puede importar a China los valores de Occidente, esos mismos que han sumido a este costado del planeta en una de sus más profundas crisis de existencia!?

El camino hacia un mundo chinocentrista, al que se avanza sin prisa y sin pausa, con códigos invisibles a nuestro sistema de decodificación occidental, es una de las principales conclusiones de un trabajo monumental, pero en lenguaje de divulgación, preparado por dos periodistas españoles que viven en China, Juan Pablo Cardenal y Heriberto Araújo. El primero, residente en Hong Kong es corresponsal del diario El Economista. El coautor, con domicilio en Beijing, reporta a la agencia Notimex. Su libro, editado en la Argentina bajo su sello Crítica, con una modesta tirada de 1.500 ejemplares, se llama «La silenciosa conquista china».

Mapa interactivo de la recorrida:

 

Ambos salieron a recorrer 25 países con una hipótesis en sus libretas de apuntes: una frase de Deng Xiaoping pronunciada en 1990 tras los sucesos de la plaza de Tiananmen y que sirvió de sustento a la estrategia de cambio que está en su zénit en la actualidad. Dice: «Observar y analizar, asegurar nuestra posición, hacer frente a los asuntos con tranquilidad, ocultar nuestras capacidades y esperar el momento oportuno, ser bueno en mantener un perfil bajo, nunca liderar la reivindicación, llevar a cabo operaciones de carácter modesto».

 

La realidad cercana nos permite ver cómo la cultura milenaria china se mezcla, cada vez con más protagonismo, en la vida de estas tierras lejanas: de aquellos pioneros acupunturistas, a los restaurantes de tenedor libre. Luego, los supermercados extendidos por todas partes y un tema que cada vez asume más espacio en la economía: la lucha por el control petrolífero que pone a China como factor de desequilibrio en el continente y como cuña en el tironeo de las relaciones comerciales entre Argentina, Estados Unidos y Brasil.

En sus 285 páginas, el libro recoge el rol de obreros y empresarios chinos en Argentina, Venezuela, Cuba, Perú, Costa Rica, Ecuador, Sudáfrica, Zambia, Namibia, Angola, Mozambique, Egipto, Sudán, República Democrática del Congo, Tailandia, Camboya, Vietnam, Taiwán, Laos, Rusia, Turkmenistán, Myanmar, Kazajistán, India e Irán.

 

De lectura imprescindible, hemos resumido en cinco momentos destacados el libro de Cardenal y Araújo, para poder digerir una información de tal tamaño y consecuencias:

 

Argenchina. En tres páginas (92, 93 y 94) el trabajo se enfoca en el poder comercial chino en la Argentina. Nada dice de las frustradas inversiones por más de 20 mil millones de dólares que conforman un acto fallido de la gestión de Néstor Kirchner y quedó en el olvido. Pero da cuenta de la mirada china sobre el comercio minorista en el país. Controlan el 30 por ciento del sector supermercados y compite de igual a igual con los gigantes Walmart y Carrefour. Emplean a 19 mil personas y facturan unos 50 mil millones de pesos. «La comunidad china de ultramar es como una gran logia», definió para los autores del libro Miguel Ángel Calvete, de la Casrech, la Cámara de Autoservicios y Supermercados de Propiedad de Residentes Chinos, constituida en 2004 y que tiene delegaciones en las Ciudades de Rosario, Mar del Plata, Córdoba, Bahía Blanca, Mendoza, San Miguel de Tucumán, Santa Fe y en la Ciudad de Paraná.

 

Sin paradigmas. Javier Aranda Luna se pregunta en su análisis de «La silenciosa conquista China» del diario mexicano La Jornada algunas cuestiones que pueden observarse de un vistazo, pero que no lo hacemos porque estamos concentrados en nuestros propios problemas locales, nacionales o regionales. China, sí mira desde una posición, digamos, superior. Y lo refleja el comentarista así: «¿Por qué Occidente no es tan duro en sus críticas con el régimen chino y sí, por ejemplo, con la Venezuela de Hugo Chávez? No digo que no las merezca uno o el otro, pero, ¿será menos democrático el país latinoamericano que el gigante de Asia? ¿A los especialistas les importará saber que la Venezuela de Chávez vende petróleo a China a tal precio de ganga que le conviene más a los chinos revenderlo que consumirlo porque les genera más recursos?». Cardenal y Araújo señalan que a los chinos, a ciencia cierta, en su plan de expansión, poco le importa el cotillón ideológico de quienes mandan a nivel político en países muy diferentes de América, Asia o África. De hecho, lo mismo pasa con la Venezuela de Chávez. Más allá y más acá del «Aló Presidente», China ha demostrado, según lo demuestran los autores, que le importas un comino la cruzada chavista: está concentrada en conquistar el mundo. Por ello, a cambio de petróleo el gigante le ha inyectado al país del Socialismo del Siglo XXI unos 24 mil millones de dólares en créditos del China Developdment Bank y del Industrial and Commercial Bank of China, además de un fondo de inversión conjunto de 12 mil millones de dólares. El libro revela que Wikileaks permitió conocer que Venezuela le vendió a China petróleo a precio vil: unos 5 dólares el barril, cuando en el mercado cotizaba a 78. Armas y dos satélites fueron la vuelta de correo de estas transacciones.

 

Invasión Ch. Como si se tratara de extraterrestres. Así resulta la lectura de la expansión china en el libro de Cardenal y Araújo. Lo primero que se le viene a la cabeza a lector formateado de este lado del mundo es que es gente rara. De allí a decir que se comen los niños crudos, hay tan solo un tranco. Y hasta resulta posible que sea verdad, según los indicios de un libro minucioso, para cuya realización los autores le dieron media vuelta al mundo y se dieron cuenta que el eje no es Europa ni Estados Unidos; tampoco el mundo árabe sino China. Allí, observan, las prácticas sociales, de agremiación y control, la participación social y el disenso no son posibles. No lo son dentro de la «Nave madre» China ni tampoco en sus escuadrones que están en la faena de quedarse con el control de los más remotos sitios del globo. Los autores dan cuenta de un sinnúmero de casos -principalmente registrados en África, en donde el gigante asiático avanza con mucho más vigor que en el resto del planeta- de violación de las cuestiones más elementales: desde los Derechos Humanos que fundaron el Occidente moderno, hasta las leyes nacionales, papeles que ni siquiera molestan a los emprendedores que avanzan cual hormigas en la selva.

 

 

 

 

El mundo será chino. Advierten Araújo y Cardenal en su libro: «…los expertos sitúan la transición de la hegemonía europea a la estadounidense en 1930, cuando estados Unidos se convirtió en el mayor prestamista del planeta y -como China hoy- en una superpotencia manufacturera (…) por lo tanto China vive hoy en una situación análoga a la de Estados Unidos en aquel período de entreguerras, esto es, en plena expansión industrial y haciendo gala de un músculo crediticio, ¿no estará el gigante asiático pisando sobre aquella misma traza para deshacer el actual statu quo y sentar las bases de un nuevo orden mundial?». La frase es inquietante y aparece en el capítulo de cierre de un libro que no te dejará tranquilo ni en una sola página. ¿Miedo? Ni más ni menos que el que promueve cualquier religión con la ida y la muerte y tus costumbres de vida bajo vigilancia. Todo un reto el de los autores: demostrar que el mundo no giró hacia el imperio y las batallas de un resurgimiento de las religiones, sino hacia la «chinización»: el fin de una era.

 

El momento «cero». ¿Hay un día exacto en que el proceso de expansión china comenzó a cuajar? Para los autores del libro sí, y es el 8 de agosto de 2008. Lo dicen en tono bastante más mistico: el 8/8/08 a las 8.08. Ese día y a esa hora fueron inauguradas los Juegos Olímpicos de Beiging y, con ellos, se desplegó un aparato propagandístico capaz de ser reconocido hasta por el más complicado de los lenguajes. Fueron 2 mil millones las personas que vieron cómo China pudo igualar o superar la capacidad de generar un show mediático de los Estados Unidos y algo más: cómo superó a la hasta ahora «superpotencia» occidental en el medallero. China se mostró sin disidencias, sin muertes, sin hambre, sin fisuras políticas, sin necesidades económicas. Su mejor día en las relaciones públicas internacionales. Y una capacidad de encanto que resulta difícil de ser superada en un mundo que busca ayuda, no importa de parte de quién, no importa -y eso es lo peor- a qué costos.

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