Un mundo multipolar

Fuente: IADEG

En «Otro mundo mejor es posible», el Boletín sobre China del Instituto Argentino de Estudios Geopolíticos, Alfredo Caporaletti escribe un artículo sobre las «Organizaciones de nuevo tipo en la transición al mundo multipolar».

Allí, plantea que «se está signando la reconfiguración del sistema mundo hacia un enfoque multipolar, y no caben dudas, de que en este propósito los dos países que más pueden aportar en aras de un mundo mejor y menos peligroso son precisamente Rusia y China, sobre todo por su poderío militar, su importancia en las relaciones internacionales como miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y especialmente, por impulsar, en cada caso, una política exterior soberana».

«Los hechos -escribe Caporaletti- están cambiando al mundo rápidamente. China celebró el XVIII Congreso del Partido Comunista con su programado relevo generacional, y antes, las elecciones presidenciales en Rusia ascendieron, nuevamente, a la primera magistratura moscovita a Vladimir Putin. Entre ambos hechos, se había celebrado en Beijing la correspondiente Cumbre de los Jefes de Estado de la Organización de Cooperación de Shanghái. «Todos estos acontecimientos, lo mismo que los trabajos del grupo BRICS, desde el 2009, celebran cumbres anuales de jefes de estado y publican un comunicado conjunto, en el que aclaran la visión del BRICS acerca asuntos internacionales importantes.

El hecho de que haya pasado de ser un concepto de inversión a una realidad política internacional, en la que los miembros coordinan sus posiciones entre sí y fortalecen su cooperación, es un avance histórico. «Se está signando la reconfiguración del sistema mundo hacia un enfoque multipolar, y no caben dudas, de que en este propósito los dos países que más pueden aportar en aras de un mundo mejor y menos peligroso son precisamente Rusia y China, sobre todo por su poderío militar, su importancia en las relaciones internacionales como miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y especialmente, por impulsar, en cada caso, una política exterior soberana.

«Sin embargo, no es menos cierto que bien poco podrían conseguir por separado, ni China con todo y su impresionante crecimiento económico, ni Rusia con su incuestionable poderío militar estratégico. Por separado no están en condiciones de desafiar la hegemonía de un imperialismo decadente pero muy poderoso y que tiene a su disposición, en forma de coyunda subordinada, a la OTAN y la Unión Europea, y que por si fuera poco se beneficia, cual aspiradora de la riqueza mundial, de las ventajas de las que disfruta por su posición en el Banco Mundial (BM), en el Fondo Monetario Internacional (FMI), en la Organización Mundial de Comercio (OMC) además de por ser el país emisor del papel moneda de circulación internacional, el dólar. Y tener el mundo cubierto por bases militares, muchas de ellas enfocadas contra China y Rusia.

«También se hizo evidente que el mundo unipolar es ingobernable y el uso de la fuerza, la amenaza de su empleo y las políticas imperiales y hegemónicas no tienen ni futuro ni son la solución para los crecientes problemas globales. Su superación pasa otro camino, que tiene que llegar de la mano de actores distintos a los que han configurado un orden mundial: brutal y egoísta, excluyente y agresivo hasta con el planeta. «Cuando el gigante asiático inició su política de reformas hace ya más de 30 años, hizo una promesa que resultó entonces todo un enigma. Su ascenso internacional tenía que ser pacífico. El líder Deng Xiaoping pronosticó “que la sabiduría de la futura generación avanzaría en ese propósito”.

«Con el derrumbe soviético y la crisis en Europa Oriental junto a las agresiones y balcanización de la Federación Yugoeslava, China se vio abocada a reforzar la Defensa Nacional abordando el problema fronterizo con cuatro nuevos interlocutores: Rusia; Kazajstán; Kirguistán y Tayikistán, países que a mediados de la década del 1990, se encontraban en una situación de incertidumbre político social, transitando a la condición de Estados independientes, sin muchas condiciones en algunos casos y sin preparación alguna, en todos. En esas condiciones, las autoridades chinas y sus contrapartes rusa y centroasiáticas, se pusieron de acuerdo. El resultado fue tan positivo que cinco años después crearon una nueva calidad institucional: la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), cuya ampliada gama de objetivos que persigue y los principios que la sustentan, se lo puede considerar como una institución internacional de nuevo tipo, cuyos preceptos coinciden con los presupuestos de un nuevo orden mundial multipolar.

«La consolidación de la nueva China está en el centro de estos nuevos procesos, por ello, en este número del boletín hay diversos elementos –oficiales y opiniones- para ver el proceso interior en cada nuevo fenómeno: PC. Chino, congresos, programas y práctica; Organización de la Cooperación de Shanghai OCS; y el megaproceso intercontinental BRICS; vistos, además, en sus interrelaciones. «Nuestro intento de analista nos obliga a ver los hechos concretos, pero simultáneamente descubrir a los artífices: estados, sistemas políticos y sociales, que generan, impulsan y consolidan estos hechos en la sociedad local y global. En estas búsquedas seguimos viendo, una vez más, que “otro mundo mejor es posible».

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