El origen jesuita del Papa, una puerta de entrada a China

Fuente: La Nación

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El comienzo del papado de Francisco no fue un acontecer en China, como tampoco lo fue en su momento el de Benedicto XVI o el fallecimiento de Juan Pablo II. La razón es sencilla: China no les da importancia a noticias de países con los que no tiene relaciones diplomáticas y, menos aún, a aquellos que han desafiado su autoridad.

En 1951, el Vaticano decidió apoyar sólo a Taiwan, ignorando así el precepto de la República Popular China de «una sola China». Luego, hubo casi seis décadas de tires y aflojes donde cada bando busca reafirmar su autoridad , creando una situación en donde se sigue una misma fe, pero se pregona desde dos iglesias diferentes.

La ilegal es la que ampara el Vaticano. La aceptada es llamada la Iglesia Patriótica, que si bien sigue las prácticas tradicionales católicas romanas, incorpora obispos y curas aprobados en Pekín, en lugar de aquellos nominados por el propio Vaticano.

Éste es el segundo punto de quiebre entre ambos Estados: Pekín no acepta que otro Estado le imponga líderes religiosos y, por lo tanto, no acepta ningún obispo o cardenal enviado desde San Pedro.

Con la posesión de Benedicto XVI, China expresó que esperaba que se crearan «condiciones favorables para la normalización de las relaciones». En 2007, el entonces Papa envió una carta a los católicos chinos en la que proponía una unión de las dos iglesias, sin efecto alguno.

Pero con el papa Francisco se abre una nueva posibilidad . Luego de su elección, el gobierno de Pekín emitió un mensaje casi idéntico al de la asunción de Benedicto XVI. Expresó «su deseo de que el Vaticano haga esfuerzos conjuntos con China con el fin de crear condiciones para la mejora de las relaciones bilaterales».

Pero el nuevo papa tiene un as bajo la manga que otros no tuvieron: pertenece a la Compañía de Jesús.

Los jesuitas han sido los únicos misioneros que pudieron establecerse en China. Con su peso e influencia a nivel regional y su enorme población, el país siempre fue uno de los destinos soñados para el catolicismo.

Sin embargo, todas las misiones católicas, incluso desde las primeras registradas en el siglo XIII por los grupos franciscanos, y las que ocurrieron luego con agustinos y dominicos, fracasaron al ser expulsadas por el imperio.

Fue sólo hasta la primera misión jesuita, en 1582, que el catolicismo logró entrar a China, gracias a Matteo Ricci. Con una valoración de la cultura china, Ricci fue uno de los primeros extranjeros en dominar el mandarín: escribió el primer diccionario de mandarín a una lengua europea, y enseñó a los oficiales chinos matemática y astronomía.

Su importancia fue tal que se convirtió en el primer extranjero en ser invitado a la ciudad imperial en Pekín, adquiriendo el cargo de «consejero de la corte imperial».

El éxito de Ricci fue la aplicación de la técnica de la «acomodación», que consistía en entender y apropiarse de las características propias de la cultura autóctona, para luego interpretarlas desde las prácticas católicas.

Así, Ricci encontró puntos similares entre la filosofía confuciana y católica, y aceptó la adoración de los ancestros -práctica fundamental asiática- al considerarla una costumbre civil, logrando así varios conversos y el respeto social.

Los jesuitas se convirtieron en el puente de conocimiento científico hacia Europa en las dinastías Ming y Qing. Sin embargo, en el siglo XVII, el Vaticano dio un paso atrás al volver a considerar estas costumbres como prácticas paganas, y obligó a los católicos a abandonarlas.

El resultado fue la expulsión de todos los otros jesuitas instalados después de Ricci y la definición del catolicismo con una secta peligrosa. El Vaticano se retractó dos siglos después, diez años antes de que Mao Tsé-tung llegara al poder y les cerrara las puertas a las religiones por considerarlas prácticas burguesas.

Elegir un papa no europeo ha sido una movida de apertura del Vaticano, dijo Zhao Yongsheng, de la Academia de Ciencias Sociales, al diario oficial Global Times.

Ahora es de esperar, si la apertura continúa, que con un papa que aplique la misma técnica de acomodamiento de su compañero jesuita y elimine una a una las barreras, que encuentre así un acuerdo de conciliación entre ambas autoridades

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